A VECES
ALGUNAS PRECISIONES
Laura y
yo somos personajes imaginarios, letras en la pantalla de una computadora.
Times New Roman 12, habitualmente, aunque a veces el tamaño aumenta a 14 o a
16. Nacimos del aburrimiento crónico de un amable ejemplar de homo sapiens. Una
señora mayor y con problemas de salud, retirada del mundo laboral, que se
entretiene creando ficciones.
Debido a su avanzada edad, nuestra autora ya no está
obligada a respetar agendas o expectativas ajenas. Por esa razón dispone de
bastante tiempo libre, y eso le permite encender la computadora a cualquier
hora del día para dialogar un rato con nosotras.
No se trata de una
narradora confiable. No porque tenga la voluntad de engañar al lector, sino
porque sufre de idealismo y esperanzas. Cree que es omnisciente, pero no lo es.
Aunque suele ser cordial, lo cierto es que sus personajes no tenemos derechos
ni garantías y podemos ser eliminados en cualquier momento. Párrafos enteros de
nuestra existencia han sido borrados de los archivos en un arranque de
malhumor. En pocas palabras, dependemos de los impulsos y caprichos de una
mente dispersa, acosada por las dudas y el tedio.
Los cajones de su
escritorio están repletos de páginas sin numerar, donde se narran
acontecimientos desconectados entre sí, que flotan en el tiempo como burbujas
en el aire. Fragmentos de un proyecto de novela se entreveran con documentos
muy importantes o con la lista de las compras. No es posible distinguir tramas
de largo aliento, cronológicamente ordenadas y estables. Las relaciones de
causa efecto brillan por su ausencia y los criterios de verosimilitud son, en
el mejor de los casos, curiosos. Personajes creados durante la mañana
desaparecen esa misma tarde sin despedirse ni dar explicaciones. Otros cambian
de nombre o se ponen demasiado perfume.
En este universo, el futuro es incierto y el pasado
variable. Cada episodio de nuestra historia ha sido escrito más de una vez,
desde diversos ángulos. Verdades que parecían eternas se desvanecen en el aire
y son sustituidas por palabras novedosas. Pero al final, entre un bostezo y
otro, todas terminan en la papelera. No creo que conozcamos nunca una versión
definitiva. A menos, claro, que no todo sea ficción.