jueves, 23 de octubre de 2025

                          A VECES


    A veces nazco en Montevideo, a mediados del siglo XX. He nacido en otras latitudes, también. Y probablemente en otros inviernos.

    Pero ahora estoy aquí, sentada junto a la ventana que da al bulevar, ordenando papeles y fotografías para contar una historia.

                                           

                 ALGUNAS PRECISIONES

           

            Laura y yo somos personajes imaginarios, letras en la pantalla de una computadora. Times New Roman 12, habitualmente, aunque a veces el tamaño aumenta a 14 o a 16. Nacimos del aburrimiento crónico de un amable ejemplar de homo sapiens. Una señora mayor y con problemas de salud, retirada del mundo laboral, que se entretiene creando ficciones.

Debido a su avanzada edad, nuestra autora ya no está obligada a respetar agendas o expectativas ajenas. Por esa razón dispone de bastante tiempo libre, y eso le permite encender la computadora a cualquier hora del día para dialogar un rato con nosotras. 

 No se trata de una narradora confiable. No porque tenga la voluntad de engañar al lector, sino porque sufre de idealismo y esperanzas. Cree que es omnisciente, pero no lo es. Aunque suele ser cordial, lo cierto es que sus personajes no tenemos derechos ni garantías y podemos ser eliminados en cualquier momento. Párrafos enteros de nuestra existencia han sido borrados de los archivos en un arranque de malhumor. En pocas palabras, dependemos de los impulsos y caprichos de una mente dispersa, acosada por las dudas y el tedio.

  Los cajones de su escritorio están repletos de páginas sin numerar, donde se narran acontecimientos desconectados entre sí, que flotan en el tiempo como burbujas en el aire. Fragmentos de un proyecto de novela se entreveran con documentos muy importantes o con la lista de las compras. No es posible distinguir tramas de largo aliento, cronológicamente ordenadas y estables. Las relaciones de causa efecto brillan por su ausencia y los criterios de verosimilitud son, en el mejor de los casos, curiosos. Personajes creados durante la mañana desaparecen esa misma tarde sin despedirse ni dar explicaciones. Otros cambian de nombre o se ponen demasiado perfume.

En este universo, el futuro es incierto y el pasado variable. Cada episodio de nuestra historia ha sido escrito más de una vez, desde diversos ángulos. Verdades que parecían eternas se desvanecen en el aire y son sustituidas por palabras novedosas. Pero al final, entre un bostezo y otro, todas terminan en la papelera. No creo que conozcamos nunca una versión definitiva. A menos, claro, que no todo sea ficción.



 




 



lunes, 14 de abril de 2025

 

CATÁLOGO INCOMPLETO Y PROVISORIO DE

                                 

                                  DESLICES

 
      QUE TODOS HEMOS COMETIDO ALGUNA VEZ

           

Casarnos sin fines de lucro, cultivar amistades sin fines de lucro, tener actividades sin fines de lucro. Mirarnos al espejo, enojarnos con las canas y pelearnos a muerte con el almanaque. Fingir que somos normales, creer que somos normales, andar siempre apurados para cumplir con la agenda de otros o pasarnos la mañana conversando con los árboles de la cuadra, especialmente con el jacarandá que está en la esquina del bulevar.

Nacer en Montevideo, vivir en Montevideo.

Discutir a los gritos con el inspector de tránsito que nos pone una multa perfectamente justificada, saludar a la gata siamesa del apartamento de al lado aunque ella nos ignore, asistir a las asambleas de copropietarios, llegar en hora y quedarnos hasta el final, tratar de caerle bien a todo el mundo, inscribirnos para correr una maratón de cinco kilómetros -que vienen a ser unas cincuenta cuadras- y anunciarlo en las redes para impresionar a nuestros amigos, meternos a destapar el sifón de la cocina en lugar de llamar al plomero y encender varitas de incienso mientras el contador nos explica el resultado del balance.


                                         ELLA, A VECES

 

           

            Está viviendo al día, día tras día. Un día, otro día, después otro día.

            Ese lunes se levanta a las ocho, desayuna y se prepara un mate. A las nueve decide vivir hasta las diez. A las diez barre el apartamento, tiende la cama y pone ropa a lavar. A las once menos cuarto decide sobrevivir hasta las once. A las once se siente agotada. A las once y cuarto toma tres pastillas celestes. A las once y media resuelve subir hasta el piso catorce y desde allí tirarse contra el pavimento de avenida Italia. A las doce mira el reloj y aguanta hasta las doce y diez. Enciende el televisor y recorre los treinta canales buscando una serie policial que aún no haya visto. A las doce y cuarto toma unas gotitas de aloe diluidas en una taza de té. A las doce y media se viste, se arregla un poco y va al supermercado a comprar algo de verdura y de fruta. También le hace falta agua mineral. 

 

                    

                                    

                                         NOSOTRAS…

 

Nosotras no vibramos al unísono. Nuestros relojes avanzan a ritmos diferentes y nos cuesta mucho concentrarnos en el mismo lugar.

En este cuerpo, que a los efectos prácticos presenta un perfil genético individual, convivimos mujeres de diversas edades y temperamentos. Entre todas conformamos una personalidad altamente inestable, siempre a punto de colapsar. Colisiones, implosiones, fusiones no exentas de hostilidad, fluctuaciones, interferencias constructivas y destructivas, expulsiones, expansiones y contracciones, todo es posible en este nuestro caótico universo interior.

El nombre que figura en el pasaporte responde sólo a razones operativas. Es la identidad civil que utilizamos para hacer trámites, buscar empleo, pagar multas o divorciarnos.

 

lunes, 11 de julio de 2022

BAJO EL SIGNO DE CÁNCER (III)

 

HISTORIAS UN POCO DESORDENADAS                         

                                                     

Times New Roman 12, doble espacio. Una copa de agua mineral, la calefacción al máximo y una manta sobre las rodillas.

Soy más vieja que mi abuelo. Tengo veinte años más de los que tenía mi abuelo Giulio cuando murió de un infarto en Buenos Aires. No lo conocí, ya que nací un cuarto de siglo después de su muerte. En la familia decían que yo me parecía a su madre, a un retrato que él guardaba de su madre.

……………….

A eso de las cinco, día por medio, Fran y yo nos encontramos junto a la fuente del obelisco y salimos a caminar por el parque. El corazón de Fran no funciona muy bien y yo estoy recuperándome de la última cirugía - me extirparon medio riñón para evitar que el nuevo tumor se expandiera- de modo que cada dos o tres cuadras nos sentamos a descansar. Nuestros cortos paseos duran toda la tarde.

Al caminar, ambos nos concentramos en no tropezar con los desniveles del suelo. Un suelo de grava erosionado por la lluvia y las raíces de los árboles.

-La senectud no deja de tener inconvenientes -decreta Fran de buen humor- pero es el precio que tenemos que pagar para seguir viviendo.

Es uno de esos días húmedos que todos los años anuncian el temporal de Santa Rosa.

………

            Mi abuelo era italiano y mi abuela andaluza. El mayor de sus tres hijos, mi padre, nació en el Uruguay, el segundo en la Argentina y el menor en Paraguay. Entre los años veinte y treinta del siglo pasado vivieron un tiempo en la ciudad de Asunción, donde querían radicarse, pero al estallar la guerra del Chaco decidieron volver a Buenos Aires. Con mucho dolor dejaron atrás una gran casa con un fondo poblado de fantasmas -“poras” que ya estaban ahí cuando ellos llegaron- y a una niñera guaraní de trenzas muy largas que se llamaba Teresa.

Mi padre conservó siempre las palabras que ella le enseñó.

……….

Segundo jueves de cada mes, berenjenas a la parmesana. Durante la cena conversamos sobre los caprichos de la calefacción, que funciona cuando quiere, y sobre los defectos y virtudes del nuevo portero de la noche. El anterior, que durante el día estudiaba en la Facultad de Derecho, regresó a Paysandú a ejercer como escribano.

Martín me escucha atentamente mientras piensa en otra cosa. Mañana tiene que madrugar para llegar lo más temprano posible a la plantación de árboles frutales que está llevando adelante con un grupo de amigos, a resolver pequeños problemas de orden práctico causados por el exceso de lluvia de estos días.

Como fue él quien preparó la cena, me ofrezco a lavar los platos.

……….

Tía Rosita nació con una pequeña protuberancia en la espalda, una deformidad que se fue acentuando con los años. Perduró en la casa de sus padres como una criada, nunca reconocieron que era parte de la familia. Sus hermanas, elegantes y hermosas, aspiraban a realizar grandes casamientos.

Rosita vivió hasta los ochenta y siete años. La recuerdo como una viejita muy fea, siempre de buen humor y con la chispa de la inteligencia en su mirada.                    

……….

Primer martes de octubre. Empecé el día destornillando un tornillito de apariencia muy inofensiva y cuando quise acordarme estaba empantanada en un desagüe crónico. Sifones que se tapan, válvulas que dejan de funcionar. Ese mundo misterioso que se ramifica detrás del porcelanato de las paredes y el piso del baño. Cañerías que se van tapando de a poquito y lo único que hay que hacer es llamar al sanitario -plomero le decíamos antes- y él se encarga de todo. Pero el tornillito ése parecía tan inofensivo…

……….

 

Casar a sus siete hijas fue la prioridad absoluta de mi abuelo materno durante sus últimos años. Pretendientes no faltaban, por suerte. Sólo había que recibirlos en la casa de la calle Félix Olmedo, atenderlos en la forma apropiada, seleccionar a los más convenientes empleando una amable discreción y después distribuirlos en el orden adecuado entre las jóvenes casaderas.

            Ellas podían opinar, por supuesto. Y sus opiniones eran escuchadas con mucho cariño.

………..

Mármol, bronce y granito. Treinta mil metros cuadrados de galerías, escalinatas, columnas de capiteles romanos, arcos de medio punto, terrazas, pasillos, esculturas neoclásicas, jardines, balaustradas y claraboyas. El Hospital Italiano.

Seguimos adelante, hacia el norte -los puntos cardinales son un aporte de Fran- y al sentir las campanadas de las seis doblamos hacia el este. Después de caminar unas cuadras nos sentamos a descansar en un banco a la sombra de un castaño.

Cuando Fran comienza a aburrirse, retoma alguno de nuestros temas habituales. Diálogos que llevan varios años, conversaciones en las que ambos repetimos una y otra vez las mismas frases, sin darles demasiada importancia. Y así seguimos un rato, yo burlándome un poco de sus convicciones y él de mi confortable escepticismo.

…………

Me contaron que aún se escuchan sus voces, en el patio de atrás. Sólo algunos días, al amanecer, cuando la escarcha comienza a evaporarse y el campo queda sumido en una neblina incierta. Se oyen ladridos y relinchos entre las risas y gritos de los más jóvenes.

Los Martínez y los Barrios iban a la guerra con sus hijos varones y los trabajadores de la estancia. Bien montados y con ponchos muy gruesos, que además de protegerlos del frío podían desviar o amortiguar el corte de una cuchilla o de una lanza.

No es fácil ensamblar las historias que escuché en la casa de mi abuela con la historia oficial de levantamientos armados en la campaña. Los tiempos no siempre coinciden y la cartografía tampoco es muy confiable. Parece que donde nosotros vemos un arroyo, los mapas indican que hay una cañada, o al revés.

Cuando los hombres se iban, en las casas sólo quedaban las mujeres y los niños. En esas ocasiones y temiendo un asalto nocturno, mi bisabuela se sentaba en una mecedora junto a la puerta de entrada y pasaba las noches en vela. Fumaba cigarros de chala para mantenerse despierta y tenía un arma al alcance de la mano, un trabuco que podía disparar un solo tiro y no con mucha precisión. En otra habitación dormían sus hijos, demasiado pequeños aún para acompañar a su padre.

Las heridas de sable que Fabián Martínez sufrió en esas batallas nunca sanaron del todo. Aun así, me consta que él, a diferencia de muchos otros, pudo envejecer y morir en su casa. Me inclino a recordarlo como un hombre de paz, que sólo tomaba las armas cuando no veía alternativa. Fue el último caudillo de la familia y mi abuela Juanita su única hija mujer.

Manuela Barrios -la abuela Mañoñó- vivió hasta los noventa y cuatro años y conservó siempre la costumbre de fumar.

……….

 

            …alteraciones estructurales óseas en vértebras lumbares… áreas de hipodensidad… signos compatibles con secundarismo óseo vertebral y pelviano… (2007) …múltiples lesiones blásticas en vértebras torácicas y lumbares… (2008) … múltiples lesiones sustitutivas óseas en el raquis dorsal y lumbosacro… (2010) … Comparado con estudios anteriores parece presentar menor actividad a nivel de las lesiones dorsales altas y calota craneana y mayor actividad en dorsales bajas y lumbares… (2010) …persisten lesiones óseas… (2013)

Las metástasis en mis huesos no han avanzado en los últimos años. Aun así, las huellas permanecen y quedan registradas en los análisis. Nunca se van del todo, me explicaron.

……….

                   Hacia fines del siglo XIX llegaron inmigrantes italianos a instalarse en la zona de los molles. No entendían ni les interesaban los conflictos partidarios de los criollos, me temo que los consideraban un montón de bárbaros matándose entre ellos por unas vinchas de colores. Trataron de mantenerse al margen de los avatares de la época, pero en ocasiones se vieron afectados. Rafael, el mayor de la primera generación nacida en el país, tenía dieciséis años cuando un destacamento armado lo reclutó sin preguntarle su opinión. Fue necesario que su padre, que apenas hablaba español, atravesara una campaña plagada de peligros para llegar al pueblo más cercano, situado a unas cinco leguas de distancia. Allí pudo tramitar una especie de salvoconducto emitido por una especie de juez o alguien que representaba cierta autoridad, apelando a una especie de compromiso que eximía a los inmigrantes italianos de participar en guerras, revoluciones, levantamientos o revueltas. Gracias a aquel papel membretado, lleno de sellos y firmas, que un sargento tal vez analfabeto eligió acatar, Rafael pudo volver a su casa sano y salvo, aunque cuentan que no de muy buena gana. El cariño de sus padres había interrumpido la única aventura que tuvo en su vida. En mi memoria figuran también unas quitanderas y un cocinero, que de alguna manera se integran al conjunto. Con esta anécdota empieza y termina la experiencia bélica de la rama italiana de mi familia materna.

                   Mi abuelo Chico era el menor de los once hermanos de Rafael.

……………

 

Martín está preocupado porque la cajera del supermercado lo trató de usted. Aquí está su vuelto, señor, le dijo.

Estamos preparando un copetín -exceso de grasas y de sodio acompañado con cerveza- `para comer mientras miramos el partido por la clasificación al mundial.

Es que era una chica muy joven, comento, para consolarlo.

……………

 

-Uno de mis miedos es abrir por error la agenda de otra persona y seguirla al pie de la letra durante años.

Estamos sentados a la sombra de un tipuana, rodeados por cipreses, araucarias de forma acampanada, eucaliptos, pinos, robles, encinas y fresnos. Mi conocimiento de los árboles es muy superficial y se lo debo a Martín, que ha hecho varios cursos de jardinería y paisajismo.

            -Sin darme cuenta de que los proyectos que insumían mi energía no eran los míos.

Fran me escucha en silencio, mientras yo me explayo largamente sobre mis obsesiones, pesadillas y deseos. Cerca de nosotros, un pajarito de apariencia muy angelical está tragándose una lombriz.

…………….

Se escapó de su casa para unirse a una revuelta contra el gobierno. Era muy jovencito. Su madre se vistió de negro hasta el fin de sus días, unos cincuenta años después. Esto me escribe una de mis primas, pero no sabe el nombre del muchacho y ni siquiera está muy segura de que haya pertenecido a la familia. Sólo recuerda haber escuchado esa breve historia alguna vez.

También me comenta que le envió los textos a su hija, que vive actualmente en algún punto del hemisferio norte. Carolina le contestó que le parecen muy interesantes, aunque todavía no ha encontrado tiempo para leerlos. Trabaja en un organismo internacional y está siempre muy ocupada.

……..

 

                   Un bichito de San Antonio se pasea por mi mesita de luz. En nuestro modesto ecosistema hay también polillas, libélulas que se refugian en el balcón cuando se avecina un temporal, varios pajaritos que vienen a alimentarse de dichas libélulas, algunas arañitas minúsculas, los ácaros que habitan en el polvo doméstico y nos causan alergia, todo tipo de bacterias, en su mayoría benignas, mosquitos y algún que otro virus. Los productos que compro para combatirlos generalmente nos provocan aún más alergia o incluso ataques de asma.

…………

 

La maestra de mi madre se casó con el hermano de mi abuela. Aunque ahora suene un poco entreverado, en aquel contexto resultó algo esperable. Como no había escuelas en varias leguas a la redonda, mis abuelos consiguieron autorización para instalar una en su propiedad, donde aprendieron a leer y a escribir los niños de la casa y de los alrededores. También lograron armar una pequeña biblioteca con libros que les enviaban sus parientes de la capital.

            En aquellos años, las familias rurales tenían poco contacto con el resto del país. Sus hijos nacían casi sin ayuda y los que sobrevivían al parto eran bautizados en el pueblo más cercano durante la primavera siguiente. A la hora de morir, no había médicos ni sacerdotes.

………..

                   -Es como una ausencia que se va descascarando de a poquito.

                   Fran, con su personalidad levemente ondulada, es el compañero ideal para transitar por mis laberintos interpretativos.

                   -No sé si me explico…

                   Tras una mirada indescifrable, me propone retomar la caminata. Yo me levanto primero - mis rodillas funcionan mejor que las suyas- y lo ayudo a incorporarse. Puedo ver en su rostro señales de que el pulso le tembló un poco al afeitarse esta mañana.

                   Estamos en junio y los senderos del parque están cubiertos por hojas doradas que crujen cuando las pisamos.

………

                  

                   Cliccare qui.

                   Istruzione per il riconoscimento della cittadinanza.

                   Su nombre, lo único que recordamos de Natalia Máspero, figura en los documentos necesarios. Sus partidas de nacimiento, matrimonio y defunción integran los expedientes de varias peticiones de ciudadanía.

                   Estratto dell'atto di nascita dell' antenato italiano... non fossero ancora in uso all'epoca... certificato de batesimo... 

                   Es posible que sus bisnietas conservemos algunos de sus rasgos. Un lunar junto al párpado izquierdo, por ejemplo, o cierta propensión al mutismo.

                   ...ottenuto l'appuntamento... sottolineare che... l'eventuale ricerca degli ascendenti...

                    Hablamos un idioma que ella no comprendía.

 

………….

 

                   La idea original era escribir una novela. Hace años que lo intento, pero nunca logré construir una narradora confiable. Y mucho menos ordenada o imparcial. Me temo que el afecto que siento por algunos de los personajes haya nublado mi espíritu crítico.

                   Es un domingo de agosto, frío y soleado. Estoy en pantuflas y salto de cama, instalada en el sillón con una bandeja de masitas de chocolate y dulce de leche. Martín viajó a Buenos Aires, a pasar el fin de semana con una amiga.

………………

viernes, 21 de enero de 2022

 



                                             INVENTARIO

 

Una carpeta con méritos y deméritos, una larguísima historia clínica, varios metros de estantes cargados de libros y la marcada tendencia a extraviar papeles importantes, como sus libretas de matrimonio. El recuerdo de algún que otro papelón en sus primeros años en la Universidad, el entusiasmo muy poco elegante que sintió en su juventud por sucesivas corrientes de opinión, el sofisticado descreimiento que adoptó en la madurez. Las curiosas estructuras interpretativas de su cerebro, cierta habilidad para conducir un auto sin provocar accidentes a su alrededor, los veinte centímetros de piernas, o de cabeza, según se mire, que le sobran cada vez que se acuesta en el sofá.

Tres décadas de aportes al producto bruto interno, alteraciones estructurales óseas en vértebras lumbares, el miedo a morir y el miedo a no morir. Una leve sordera -más pronunciada en el oído derecho- que por ahora no le causa mayores problemas -sólo le gustaría que los jóvenes hablaran más despacio y pronunciaran las letras con claridad-. Una proliferación de puntos suspensivos cada vez que se despierta, diez gotitas de aloe en medio vaso de agua antes del almuerzo, la mancha de humedad que apareció este invierno en la pared del comedor y serias dificultades para madrugar. 


              BURBUJAS EN EL AIRE



... para los riesgos implícitos en las alternativas de inversión de mayor incremento en los últimos meses…

        El salón de conferencias de un hotel cinco estrellas, la inauguración de un congreso con más de doscientos asistentes. Yo estaba entre los panelistas, sentada en una cómoda silla tapizada de gris. Era mi voz la que salía de los parlantes, aunque me costaba reconocerla.

              … con los intereses más bajos afectados por...

               Tenía puesta una blusa de color azul diamante, muy formal, con cuello y puños.

                   ... mientras la comparación promedio de los retornos...

                Y entonces te vi. Habías llegado unos minutos tarde y para encontrar un lugar tuviste que atravesar una fila de asientos, molestando a todos los presentes.

                   ...fenómenos frecuentes en la diversificación conceptual de...

                   Sin dejar de hablar, te miré.

                  ...los más prestigiosos centros de investigación del mundo entero... y los compromisos internacionales para reducir las turbulencias...

                   Me miraste.

                   ... ámbitos financieros de liquidez y transparencia…

                   Sonreí. Discretamente. Sin dejar de hablar.

                   ... no obstante la distribución del índice suponiendo que la volatilidad se mantiene constante...

                   Sonreíste. También discretamente.

                   ... inciertas burbujas que generan una especulación en cascada...

                   Cuando todos los integrantes de la mesa terminaron sus exposiciones, siguió una breve discusión en la que yo apenas intervine. Después dejamos la sala y nos dirigimos al comedor, donde nos esperaba un cóctel de bienvenida. Alguien nos presentó.






martes, 19 de octubre de 2021

UN DÍA, OTRO DÍA

 

 

Una escalera caracol que conduce a un amanecer en Malgrat. Mientras me levanto, siento el aroma del café. Martín ya está en la cocina, preparando el desayuno. Tres pastillas rosadas. 

Un viento de primavera entra por la ventana abierta, sacude las cortinas y entrevera los papeles del escritorio, páginas y páginas repletas de letras desordenadas. El avance de los ácaros que habitan en el polvo doméstico, el nervio ciático que no me deja caminar, ni sentarme ni acostarme, las cosas que se escapan de los cajones y se desparraman por toda la casa, la puerta del lavadero que ni cierra ni abre. La lista de las compras, una cucharadita de bicarbonato de sodio en medio vaso de agua, el pago interminable de las facturas del mes.

Con el almuerzo, cinco pastillas blancas para pacientes con metástasis en progresión.

Después, una caminata por el parque, el sol de la tardecita en el balcón, la gata que se despereza, las campanadas de las siete, un tazón de chocolate y un pedazo de pastafrola. El informativo de la noche en pantuflas, las hileras de autos que se desplazan por el bulevar llevando a la gente de regreso a casa, una ronda de mensajes entre viejos amigos, cuatro pastillas rosadas. Una ducha caliente, crema hidratante en las mejillas, un camisón abrigado, los lentes para ver de cerca y una novela.


 

                                                      CONDÓMINOS

                                                                        

            La economía de trueque que practicamos entre vecinos y que origina interminables negociaciones - ¿cómo medir la equivalencia entre alimentar al gato de alguien que está internado, pedir un lugar prestado en el garage o regar las plantitas de los que se van de vacaciones? ¿Estas transacciones implican una relación de amistad o sólo de mutua conveniencia? ¿Es mejor darle una propina al portero que deberle un favor a la bruja del 504, o sea a mí? - debería ser objeto de un tratado. Ya que dedicamos horas de asamblea a planificar la redecoración del vestíbulo para que resulte compatible con los preceptos del Feng Shui, y nos tomamos meses para decidir si destinamos el fondo de reserva a maquillar las paredes o a reparar los cimientos afectados por la humedad, bien podríamos disponer de un manual que nos indique cómo lidiar con los problemas cotidianos : los ruidos misteriosos que salen de un apartamento vacío, las baldosas flojas que se desprenden de los balcones y podrían lastimar a un peatón, el seguro necesario para que la demanda de dicho peatón no nos afecte demasiado. Qué hacer con los ascensores que funcionan cuando quieren o con la señora que todos los meses propone bajar el presupuesto del edificio a la mitad. Y cómo manejar la divergencia de opiniones en lo que respecta al brillo de los picaportes, la transparencia de los vidrios o la renovación urgente de los felpudos.


                       ÉRASE UNA BIBLIOTECA

 

Martes, día de pasar el plumero por las tablas de nogal que ocupan las paredes del estudio. Hacia la izquierda se amontonan algunos libros que compré siguiendo tendencias del momento y de los que pienso desprenderme cuanto antes. Anécdotas bien redactadas, autores que ofrecen respuestas para todo, novelas que transcurren sin caer en concesiones al buen gusto. Están separados del resto por una lupa, dos engrampadoras -una chica y otra grande-, una calculadora sin pilas y un reloj de arena.

Suena el teléfono y tengo que interrumpir la limpieza para atender a una chica muy amable que trata de venderme un seguro contra todas las calamidades posibles. Terremotos, inundaciones, asonadas, disturbios públicos, sequías e incendios. Después de una breve conversación vuelvo a los estoicos, que se agrupan mayormente en los estantes de Martín. Hacia la derecha, junto a una tetera que no debería estar aquí, siguen los amores de papel, unas novelitas que hoy me parecen más tiernas que cursis, con ambientes góticos y personajes que se entreveran con sus lectores. Más arriba, una gramática de griego antiguo con la letra de alguien que quise en los márgenes. Entre sus páginas, el invierno en los salones helados de la Facultad, un sótano que daba a la calle Arazatí, partidos de truco con sabor a grapamiel, una lista de palabras prohibidas y volantes que decían libertad. Sigue una hilera de títulos vinculados a un proyecto de tesis que nunca empecé. Lapiceras, marcadores de distintos colores, un rollo de cinta adhesiva, un candado, otro candado. En el estante más alto, con polvo y olor a naftalina, varias cajas de zapatos sin zapatos repletas de papeles muy importantes.


 

miércoles, 7 de julio de 2021

Una ligera nostalgia

           La cicatriz bordada en mi piel, una trenza de hilo nacarado en el cuadrante superior derecho, células que un buen día se desconectan del resto y comienzan a multiplicarse sin ton ni son. La muerte lenta del cáncer o la muerte más lenta de los tratamientos contra el cáncer o la muerte aún más lenta que traen los años. Un tiempo flotante, espectros que van y vienen, el recuerdo apacible de tardes que tal vez no sucedieron. Imágenes aisladas que se van deshilachando. Los ravioles caseros de la tía Hortensia, la mermelada de arándanos de la abuela Irma, las berenjenas a la parmesana de los jueves de invierno. El taco de mis sandalias contra el piso de porcelanato brillante, los espacios en blanco de una agenda, encuentros y desencuentros que se rigen por el factor incertidumbre, copas con restos de vino blanco y burbujas en el aire. La cotización del dólar interbancario, una silla ergonómica tapizada de azul y un escritorio propio. Una ráfaga de viento que me da vuelta el paraguas -un paraguas chino que compré a un precio irrisorio en un puesto callejero- y me deja desamparada bajo la lluvia torrencial en una esquina de la Ciudad Vieja, la señora Pérez quejándose de la humedad y de la ingratitud de los hijos mientras plancha el vestido que voy a usar esa noche, una sala de conferencias, las múltiples caras de la misma moneda, un incierto signo de interrogación. Años y años a contraluz. Pasos en el corredor, un reloj que marca las tres menos cuarto, el catéter en el dorso de mi mano izquierda, una ligera nostalgia y rústico el olor del eucaliptus…

sábado, 22 de agosto de 2020

NOMBRES QUE OLVIDAMOS

 

                                                                      

 

                   Un terreno baldío sobre la calle Senaqué, finísimos cortes en los antebrazos de Juliana, el inhalador para el asma, el pelo lacio de Clara sobre las rodillas de Maxi. Ni miedo, ni ansiedad, ni deseos. Un domingo de invierno, un dios que nunca existió, los padres de Alan, que se fueron a Brasil y no regresaron, una medallita con la fecha de una maratón, manchas doradas en los ojos de Rodrigo. Una figura solitaria que avanza con paso inseguro, un moretón, una voz que se apaga en la mitad de una frase, la pelota azul y blanca que dejaron los reyes magos, un rectángulo de tierra en algún lugar, parientes lejanos que ni siquiera vinieron. Un mundo liviano, transparente. Calles que no conducen a ninguna parte, los pies descalzos de Federico, un motor que acelera, un diminuto lunar junto al párpado izquierdo, alguien que vuelve a su casa poco antes de la madrugada, con una sensación térmica de siete grados y un pronóstico de frío polar para los próximos días.