lunes, 14 de abril de 2025

 

CATÁLOGO INCOMPLETO Y PROVISORIO DE

                                 

                                  DESLICES

 
      QUE TODOS HEMOS COMETIDO ALGUNA VEZ

           

Casarnos sin fines de lucro, cultivar amistades sin fines de lucro, tener actividades sin fines de lucro. Mirarnos al espejo, enojarnos con las canas y pelearnos a muerte con el almanaque. Fingir que somos normales, creer que somos normales, andar siempre apurados para cumplir con la agenda de otros o pasarnos la mañana conversando con los árboles de la cuadra, especialmente con el jacarandá que está en la esquina del bulevar.

Nacer en Montevideo, vivir en Montevideo.

Discutir a los gritos con el inspector de tránsito que nos pone una multa perfectamente justificada, saludar a la gata siamesa del apartamento de al lado aunque ella nos ignore, asistir a las asambleas de copropietarios, llegar en hora y quedarnos hasta el final, tratar de caerle bien a todo el mundo, inscribirnos para correr una maratón de cinco kilómetros -que vienen a ser unas cincuenta cuadras- y anunciarlo en las redes para impresionar a nuestros amigos, meternos a destapar el sifón de la cocina en lugar de llamar al plomero y encender varitas de incienso mientras el contador nos explica el resultado del balance.


                                         ELLA, A VECES

 

           

            Está viviendo al día, día tras día. Un día, otro día, después otro día.

            Ese lunes se levanta a las ocho, desayuna y se prepara un mate. A las nueve decide vivir hasta las diez. A las diez barre el apartamento, tiende la cama y pone ropa a lavar. A las once menos cuarto decide sobrevivir hasta las once. A las once se siente agotada. A las once y cuarto toma tres pastillas celestes. A las once y media resuelve subir hasta el piso catorce y desde allí tirarse contra el pavimento de avenida Italia. A las doce mira el reloj y aguanta hasta las doce y diez. Enciende el televisor y recorre los treinta canales buscando una serie policial que aún no haya visto. A las doce y cuarto toma unas gotitas de aloe diluidas en una taza de té. A las doce y media se viste, se arregla un poco y va al supermercado a comprar algo de verdura y de fruta. También le hace falta agua mineral. 

 

                    

                                    

                                         NOSOTRAS…

 

Nosotras no vibramos al unísono. Nuestros relojes avanzan a ritmos diferentes y nos cuesta mucho concentrarnos en el mismo lugar.

En este cuerpo, que a los efectos prácticos presenta un perfil genético individual, convivimos mujeres de diversas edades y temperamentos. Entre todas conformamos una personalidad altamente inestable, siempre a punto de colapsar. Colisiones, implosiones, fusiones no exentas de hostilidad, fluctuaciones, interferencias constructivas y destructivas, expulsiones, expansiones y contracciones, todo es posible en este nuestro caótico universo interior.

El nombre que figura en el pasaporte responde sólo a razones operativas. Es la identidad civil que utilizamos para hacer trámites, buscar empleo, pagar multas o divorciarnos.