jueves, 23 de octubre de 2025

                          A VECES


    A veces nazco en Montevideo, a mediados del siglo XX. He nacido en otras latitudes, también. Y probablemente en otros inviernos.

    Pero ahora estoy aquí, sentada junto a la ventana que da al bulevar, ordenando papeles y fotografías para contar una historia.

                                           

                 ALGUNAS PRECISIONES

           

            Laura y yo somos personajes imaginarios, letras en la pantalla de una computadora. Times New Roman 12, habitualmente, aunque a veces el tamaño aumenta a 14 o a 16. Nacimos del aburrimiento crónico de un amable ejemplar de homo sapiens. Una señora mayor y con problemas de salud, retirada del mundo laboral, que se entretiene creando ficciones.

Debido a su avanzada edad, nuestra autora ya no está obligada a respetar agendas o expectativas ajenas. Por esa razón dispone de bastante tiempo libre, y eso le permite encender la computadora a cualquier hora del día para dialogar un rato con nosotras. 

 No se trata de una narradora confiable. No porque tenga la voluntad de engañar al lector, sino porque sufre de idealismo y esperanzas. Cree que es omnisciente, pero no lo es. Aunque suele ser cordial, lo cierto es que sus personajes no tenemos derechos ni garantías y podemos ser eliminados en cualquier momento. Párrafos enteros de nuestra existencia han sido borrados de los archivos en un arranque de malhumor. En pocas palabras, dependemos de los impulsos y caprichos de una mente dispersa, acosada por las dudas y el tedio.

  Los cajones de su escritorio están repletos de páginas sin numerar, donde se narran acontecimientos desconectados entre sí, que flotan en el tiempo como burbujas en el aire. Fragmentos de un proyecto de novela se entreveran con documentos muy importantes o con la lista de las compras. No es posible distinguir tramas de largo aliento, cronológicamente ordenadas y estables. Las relaciones de causa efecto brillan por su ausencia y los criterios de verosimilitud son, en el mejor de los casos, curiosos. Personajes creados durante la mañana desaparecen esa misma tarde sin despedirse ni dar explicaciones. Otros cambian de nombre o se ponen demasiado perfume.

En este universo, el futuro es incierto y el pasado variable. Cada episodio de nuestra historia ha sido escrito más de una vez, desde diversos ángulos. Verdades que parecían eternas se desvanecen en el aire y son sustituidas por palabras novedosas. Pero al final, entre un bostezo y otro, todas terminan en la papelera. No creo que conozcamos nunca una versión definitiva. A menos, claro, que no todo sea ficción.