Tetrodotoxina. Parálisis y muerte en menos de seis horas. Cianuro,
ingerido o inhalado. Ataques, paro cardíaco y muerte en unos minutos. Mercurio,
inhalado. Su vapor ataca el cerebro, terminando con el sistema nervioso central
y los pulmones. Estricnina, ingerida o inhalada. Pesticida que sin ser
especialmente venenoso provoca una muerte espantosa haciendo que todos los
músculos sufran fuertes espasmos hasta que la víctima muere por agotamiento.
Amatoxina, ingerida. Presente en ciertas setas, destruye los riñones y el
hígado en cuestión de días. Compuesto 1080, ingerido o inhalado. Otro pesticida
sin olor, sin sabor, soluble al agua, que bloquea el metabolismo celular
provocando una muerte rápida pero dolorosa.
Tita bosteza y decide descansar unos minutos. Después de trabajar toda
la tarde, bien puede tomarse un té. Mientras se dirige a la cocina, hace una
breve recapitulación de sus planes. Ya ha elegido el lugar, las circunstancias,
el veneno e incluso la víctima. Sólo le falta encontrar un motivo para cometer
el crimen.
Seleccionar el veneno adecuado le llevó varias horas de búsqueda en
internet, pero el resultado vale la pena. Inodoro, insípido, incoloro y carente
de antídoto, el cloracetato de flúor se perfila como la solución ideal.
Satisfecha, agrega seis cucharaditas de azúcar a la taza de porcelana
francesa donde se enfría su té de malva.
Es cierto que aún hay otras opciones a valorar entre los venenos más
letales del mundo. Por ejemplo, la toxina botulímica. Al ingerirla, el sistema
nervioso falla por completo y la persona muere entre dolores terribles.
Curiosamente, señala Tita en una nota al margen, esa toxina se usa en
tratamientos de estética bajo el nombre de bótox.
................................
-…el lunes de
tarde, mientras esperaba que Adelita me pasara a buscar para ir a la reunión
del círculo…
-¿azúcar?
-… en lo de
Lala, a las ocho y cuarto, cada quince días.
-…la encontré
un poco distraída, como si no me escuchara bien…
-… y este
invierno que no se termina nunca…
Un hogar de
ancianos autogestionado y sin fines de lucro. Tita, Coca y Chichita son las
orgullosas fundadoras de lo que consideran una experiencia revolucionaria.
Renovadora. Original, al menos.
- …licor de
carqueja ¿una copita?
-…la consola
de mármol, aquella que la abuela tenía en la entrada, siempre con un ramo de
magnolias…
-…bizcochitos
de anís, comé tranquila que no engordan…
Chichita
aportó la casa, Tita la idea y Coca los límites. Su plan es compartir los
gastos y las tareas, integrando hasta un total de doce o quince personas. Si se
organizan bien, pueden alcanzar un nivel de vida confortable, ahorrarse el
costo de un residencial privado y hacerse compañía entre ellos.
-…si al menos
se hubiera casado…
- ... y lo
peor es la humedad.
-…aquel muchacho
tan bueno, sobrino de las Vecchio, que la cortejaba cuando Martita cumplió los
quince. Pero las de Acuario son así, caprichosas…
- …cuando
enterramos a Rosita ¿se acuerdan?
En estos
momentos hay otras cuatro personas participando del proyecto, cumpliendo un
período de prueba de seis meses.
- …los títulos del
panteón quedaron en lo de Pepe, estoy segura.
......................................
A la entrada,
unos escalones de mármol conducen al zaguán. Una puerta cancel con vidrio
esmerilado da al primer patio interior. Piso estilo damero y claraboya.
Varias señoras
están instaladas en cómodos sillones, tomando el té y conversando animadamente,
todas a la vez.
- Y entonces
sentí como un vértigo...
- Camelias. O
caléndulas, en todo caso. Bromelias no, nunca.
-Un vértigo
horizontal, no sé si me explico...
-Y no sé para
qué voy, si yo ni siquiera soy alcohólica. Unas copitas durante la cena, nada
más. Es una costumbre de familia.
-¿Bromelias?
Martina saluda
y las señoras vuelven la mirada hacia ella para sonreírle y darle la
bienvenida, sin dejar de hablar entre sí.
- Para los vértigos, jarabe de amapolas.
-Una
resonancia magnética, le dije. Eso es lo que yo necesito.
-Jarabe de
jazmín, en todo caso. O de guayabas.
-Pero los
médicos de ahora son así, no te hacen caso. Ni siquiera te escuchan.
- Camelias.
Bromelias nunca.
Guiada por
Coca, Martina recorre un pasillo que conduce a un segundo patio, más pequeño,
donde funciona el comedor diario. A un costado está la cocina y hacia atrás el
fondo. Martina recuerda la casa de sus abuelos.
- Sin sal. Y
tibio.
- Culpa de la
nutricionista.
-Una ensalada
hubiera sido más adecuada.
- Con una
pizca de sal ¿no te parece?
- Y rúcula.
Como el
destino de la casa no es convertirse en un museo, sus dueñas han introducido
los cambios necesarios para añadirle confort y funcionalidad. Un arquitecto
retirado las ayudó a reformular los espacios, mejorando la ventilación y la
iluminación. Los techos altos permitieron la construcción de entrepisos que
agregan metros cuadrados a la propiedad. La cocina se amplió con la antecocina,
un pequeño comedor y parte del fondo. El aljibe fue convertido en un elemento
decorativo, con reminiscencias coloniales. La antes árida azotea se transformó
en un espacio verde.
Con este
proyecto, Tita, Coca y Chichita han resuelto algunos temas de orden práctico, como
la vivienda y la soledad. También se han convertido en pequeñas empresarias, el
sueño de toda su vida. Aunque lo de ser empresarias sin fines de lucro no le
cierra del todo a Coca. El asunto tiene sus inconvenientes, por otra parte. A
cada paso surgen gastos imprevistos que las obligan a echar mano a sus ahorros,
como cuando se rompió uno de los caños que atraviesan el jardín. Perdieron
cantidades abrumadoras de agua durante meses antes de encontrar la pérdida y
repararla.
- Lo pagan mis
yernos, que me adoran.
- Y cuando me
levanté, me sentía más cansada que antes de acostarme...
- Una
resonancia magnética, le dije.
- Bromelias.
Son bromelias.
Las
reparaciones, el amoblamiento, los impuestos, todo insume dinero. Y el retorno
es lento, con cuentagotas. Para conseguir un préstamo bancario deberían
hipotecar la propiedad, lo que les provoca pesadillas. Prefieren recolectar
dinero entre sus familiares y amigos y después devolverlo lo antes posible. Sin
pagar más interés que un regalito y muchas sonrisas.
- Me adoran,
no te exagero.
- Yo con el
alcohol no tengo ningún problema...
- Camelias.
- Y un poquito
de ron no le hace mal a nadie.
Otro tema en
cuestión es la democracia interna, de la que todos hablan pero pocos practican.
El arquitecto Bonelli, por ejemplo, está sinceramente convencido de que su voto
vale por dos. Por ser hombre y arquitecto al mismo tiempo. Coca afirma que la
opinión de Chichita es irrelevante y Tita, aunque no suele confesarlo en
público, se considera a sí misma superior a todos los demás.
- Siempre
tengo alguna botellita guardada, por las dudas.
- ¿Bromelias?
- En el
ropero, entre las toallas del baño, en el armario de la barbacoa.
En las reuniones
todos hablan a la vez y nadie escucha a nadie. Cuando no hay acuerdo, las
potestades resolutivas recaen en el contador de la empresa. Es sobrino y
heredero de Chichita, o sea de la casa, de modo que todos confían en él. No
ciegamente, pero confían.
........................................
Ricina, ingerida o inhalada. Muerte por fallo respiratorio. Sarín,
inhalado. Originalmente diseñado como pesticida, basta con respirar un poquito
para caer en coma y morir.
Veinte y veinticinco, hora de bajar a cenar. Tita apaga su computadora
y ordena las carpetas sobre el escritorio. Antes de salir se envuelve en un
chal para protegerse de las corrientes de aire que atraviesan el comedor. Se
pone un gorrito haciendo juego, empuña un bastón de ébano que no necesita en
absoluto y se dirige hacia la escalera.
Va absorta pensando en el ántrax, que apropiadamente inhalado hace que
el sistema respiratorio colapse en pocos minutos.
.................................
- Y los títulos del panteón
¿quién los tiene?
- Bizcochitos de anís, comé tranquila que no engordan...
-...cuando enterramos a Rosita ¿se acuerdan?
- Y sin gluten.
- ¿A Rosita?
- ...el panteón de los Martínez, en el Cementerio Central...
- A las ocho y cuarto, todos los martes. A veces en lo de Lala, a
veces en lo de Cuca.
- ...primos políticos de los Mastropiero...
-... es mejor no decirle nada y que se vaya muriendo así, de a poquito,
sin darse cuenta...
- ¿Te parece?
-... porque las de Aries somos así, generosas...
- Lo peor es la humedad...
- Cien por ciento ecológico.
- ... los Mastropiero de Sauce Viejo no, yo te estoy hablando de los
Mastropiero de Illescas...
- Y autosustentable.
- En el cementerio
del Buceo, a las once.
…….......................
La felicidad ajena entristece a Coca. Más que entristecerla la amarga,
la envenena y la deprime. Para peor, su bondad natural le impide tomar medidas
concretas que atenúen su sufrimiento. Coca es incapaz, por ejemplo, de
destratar a la empleada o de hablar mal de sus amigas. Por lo tanto, se resigna
a padecer calladamente las alegrías de los demás, relegando sus sentimientos de
legítima revancha al plano de las fantasías.
Para equilibrar este exceso de sensibilidad, a Coca la desgracia ajena
no la afecta en lo más mínimo.
……...............
-Adela Mastropiero
se casó con uno de los Priore y Adela Priore con uno de los Mastropiero.
- Hoy es martes
¿no?
- A veces las
confundían.
- En el panteón de
los Martínez.
- Con unas copitas duermo toda la noche tranquilamente...
- Cuando enterramos
a Rosita ¿se acuerdan?
-¿Y yo qué voy a
hacer en el panteón de los Mastropiero? Si apenas somos primos políticos.
- Oigo lo más bien.
- Es que en el
nuestro ya no cabe más gente...
- ¿Y Rosita dónde
está?
- Primos de tu tía Coca.
- Con unas gotitas
de vinagre.
- Cuando quiero,
oigo perfectamente.
- Tía abuela,
cierto.
- O de limón.
….......................................
Cada mañana, Chichita
pasa la aspiradora por todos los rincones de su dormitorio, en un vano intento
de detener el avance de los ácaros sobre su vida. Cuando termina, dedica unos
minutos a tender la cama y ordenar sus cosas.
Todo en su cuarto
es muy apropiado. Las cortinas drapeadas, las molduras de yeso del cielorraso,
los almohadones de terciopelo, la araña de caireles de cristal. Fotografías de
sobrinos y sobrinos nietos, una colección de recuerdos traídos de sus viajes y algunos
libros de tapas muy bonitas.
A veces se
instala en su mecedora estilo vienés, junto a la ventana que da al jardín. Desde
allí puede ver al arquitecto Bonelli trabajando en sus rosales.
El jardín es
muy grande y está dividido en áreas. Rincones de sombra para leer y descansar,
senderos enlosados, una fuente contra un muro lindero, una quinta. Entre el
follaje puede distinguirse alguna plantita de cannabis.
A Chichita le
gustaría agregar un rincón con diversas variedades de orquídeas. Aparte de eso,
la preservación del ecosistema no figura entre sus prioridades. Mucho menos el
contacto con la tierra, los gusanos y las lombrices.
……...................
- ¿Y nosotros
qué estamos haciendo en este velorio?
- Una copita
cada tanto, nada más...
- La novela de
las nueve no me la pierdo por nada.
- En el
Cementerio Central, a las cuatro de la tarde.
- Hoy es
viernes ¿no?
- Yo al
panteón de los Mastropiero no voy. Prefiero que me incineren.
- Era tan
buena...
- Un tesoro.
- ¿Martes?
- Igualita a
Grace Kelly.
- La novela de
las nueve no me la pierdo por nada.
- ¿Y justo
ahora tenés que ir al baño?
………..
La liberación
femenina ha sido un gran error histórico, decreta Tita, sirviéndose una
generosa porción de strudel. El strudel de mburucuyá, especialidad de Chichita,
genera el clima ideal para conversar sobre cualquiera de sus temas favoritos,
ocupación que resulta bastante grata si no se padece de la malsana costumbre de
pretender que las actividades tengan alguna utilidad.
- Licor de
carqueja ¿una copita?
Tras haber
sido una pionera en la lucha por las reivindicaciones de su sexo, generando
varios escándalos sociales en el Montevideo de los años cincuenta y provocando
algún que otro infarto en su propia familia, Tita tiene ahora una opinión más
bien cauta acerca de los supuestos avances logrados por las feministas, a
quienes cariñosamente califica de ingenuas. Coca asiente mientras Chichita
suspira. Tal vez alguna de ellas añore, sin confesarlo, aquel orden patriarcal
tan alegremente abandonado.
- ... con
harina integral, comé tranquila que no engorda...
En su opinión,
el feminismo había agregado nuevas responsabilidades sobre los hombros de las
mujeres sin liberarlas de las cargas tradicionales.
- Totalmente
magra.
Además de atender sus
obligaciones ancestrales, insiste Tita, ellas ahora deben trabajar a la par de
los hombres. En contrapartida, han obtenido el dudoso privilegio de dirigir
empresas, dedicarse a la política y hacer deportes. En algunos países, señala Coca, incluso
han conquistado el derecho de ir a la guerra.
- ¿Canela?
Queda por ver
si la emancipación sexual, lograda gracias a la entusiasta colaboración del
género masculino, es realmente un avance. Las píldoras anticonceptivas les
impiden apelar a una cómoda abstinencia para el control de la natalidad y las
jaquecas a la hora de acostarse ya no son bien vistas.
- Cien por
ciento orgánica...
Cómo eludir el
sexo conyugal es otro de sus temas favoritos. Tita, que ha enterrado a dos
maridos y a varios amantes, se considera con más derecho a opinar sobre la vida
matrimonial que Chichita, que sólo ha enviudado una vez. Incluso tiene el
proyecto de escribir en su blog una especie de manual breve y conciso sobre las
mejores respuestas para darle a un cónyuge insistente.
- Tres
cucharaditas...
Para empresarias o profesionales, el estrés es una buena excusa. Para damas ociosas,
Tita aconseja el herpes vaginal, medida efectiva pero en exceso drástica en
opinión de Chichita, que se inclina por soluciones más negociadas, como
establecer días fijos con antelación y marcar límites a la duración del asunto.
......
-... y
entonces me subió la presión...
-...un aroma
frutado, como a ciruela...
- A diecisiete.
-López. Se llamaba López.
-Gracias a que yo
les avisé...
-Claudio López. Un
amor.
-Y sentí como un escalofrío...
-¿En la rodilla?
¿En serio?
-Sí, en serio. Un
tatuaje con forma de tarántula.
- Y así fue que
pasamos del corsé a la anorexia.
-No sé para qué
tanto apuro, si al final siempre llegamos tarde.
-Me mintió, ¿te das
cuenta?
-Y justo se me voló
el paraguas.
- Y de la frigidez
al orgasmo múltiple.
-Mis vecinos me
adoran.
-Con piscina
climatizada...
-Me adoran, en
serio.
- Y yo por las dudas me traje la platería...
- Un imperativo tras otro.
- Es para sacarle brillo, le dije,
después te la devuelvo...
- Y una textura sedosa, propia del
Malbec...
- Porque al fin y al cabo era de la
abuela ¿no?
...
II
Tras revisar exhaustivamente las cuentas, Tita anuncia
que tal vez, tal vez, puedan llegar a fin de mes con un módico superávit. Aun
así, debían respetar el presupuesto y recortar los gastos innecesarios. El
Hogar Primor tenía ahorros, pero Tita era renuente a utilizarlos. Soluciones
fáciles, como aumentar la cuota, no siempre podían aplicarse.
No todos los residentes se interesaban en los números.
Muchos ni siquiera sabían distinguir un gasto de una inversión. Pero tras haber
sobrevivido a varias catástrofes financieras, nacionales e importadas, su
primera reacción frente a una crisis era esconder las tarjetas de crédito.
Por otra parte, incluso
quienes eran partidarios de ejercer un control casi neurótico sobre los gastos,
reconocían que cada tanto había que darse un gusto. A esa altura de la vida,
una dosis de autoindulgencia no iba a matar a nadie.
Al comenzar el proyecto
habían cometido errores que los acercaron a la quiebra, pero a fuerza de
análisis y autocrítica fueron corrigiendo los más graves. A la hora del balance anual, lo importante era que el promedio de sus aciertos fuera un poco mayor que el promedio de sus errores.
Para lograr este objetivo, la estrategia de Tita
se basaba en la desconfianza. Anotaba todos los movimientos de dinero, previstos
o imprevistos, en una libreta. Y con esa libreta controlaba escrupulosamente
los estados de cuenta que cada mes les enviaba el estudio contable. No en vano
provenía de una familia cuya tradición principal era robarse los unos a los
otros.
Aún quedaban cuotas
pendientes de la última impermeabilización de la azotea. Cuando terminaran de
pagarlas, podían tomarse un respiro de unos meses antes de encarar el reciclaje
de los baños, o la pintura de la barbacoa. Cualquier manual explicaba que había
que evaluar los recursos para después planificar las siguientes inversiones. Y
sobre todo, repetía Tita cada vez que tenía oportunidad, plantearse metas
realistas.
……………………
-Hoy es jueves -afirma Coca con una seguridad envidiable.
Sentadas en torno al lecho de muerte de Alfonsina, sus
amigas conversan animadamente sobre los temas del momento. Cómo hacer frente a
los gastos del entierro, a quién le corresponde pagar el impuesto a la
herencia, cuál es la madera más adecuada para un féretro o la mejor sala para
realizar el velorio.
- Si en lugar de creerle al médico me hubieran hecho caso a mí...
- De madera noble, maciza. Línea Premium.
-¿La tía Paca? Hasta los noventa y seis. Creo que se llamaba Francisca,
por San Francisco de Asís o de Sales, pero siempre le dijimos Paca.
-Y con herrajes de bronce.
-Paquita, le decía el abuelo. Nunca se casó. No era muy linda que
digamos... Además, fumaba…
- Si tenemos en cuenta la relación precio – calidad, ésta es la mejor
opción.
- Unos cigarros enormes, de chala. Y en los últimos años, después de
morir la China, le dio por tomar grapa, o caña, o lo que fuera.
-Deberíamos elegir un ataúd ecológico. Es lo que a ella le gustaría.
Sumida en un sueño profundo y dulce, inducido por la
medicación, Alfonsina espera. Los residentes del Hogar se turnan para
acompañarla y siempre hay alguien sosteniendo su mano. El arquitecto Bonelli le
lleva flores frescas todos los días. En la cabecera de su cama, apenas visible,
cuelga un rosario de nácar que incomoda a Coca.
- ¿Una copita? Licor de carqueja, es bueno para el hígado.
……………………….
El arquitecto Bonelli
trabaja todas las mañanas en la quinta del Hogar. La producción de alimentos
orgánicos no es para él una actividad con fines comerciales, pero si logra
cumplir el modesto objetivo de abastecer el consumo interno, el Hogar tendrá un
importante ahorro económico, ya que los altibajos en los precios de los
vegetales son permanentes. Cuando no son las sequías son las inundaciones, las
heladas o el granizo.
El mantenimiento de la
quinta requiere un trabajo físico intenso. Y aunque los demás residentes
aplauden todas sus propuestas, lo cierto es que sólo él está dispuesto a
encargarse de limpiar el suelo de malezas, combatir yuyos, plagas y parásitos,
remover la tierra para que se oxigene y regar todos los días. Estas actividades
al aire libre le causan dolor de espalda y ampollas en las manos, pero también
le permiten dormir mejor por las noches. Las agendas encuadernadas en cuero
donde antes anotaba sus obligaciones diarias han quedado atrás. En su nueva
profesión de horticultor biológico tienen más importancia las fases lunares, el
sol, la lluvia o el granizo que las variaciones en la cotización del
hierro.
Se inclina con cuidado
para inspeccionar unas hojas y después se reincorpora, satisfecho. Las verduras
parecen estar creciendo conforme a lo planificado. Dentro de unos días podrá
sorprender a Chichita con una gran canasta de zanahorias.
........................
- ...que no se les ocurra despertarme a las tres de la madrugada para
avisarme...
-Nos armó un problema y
después nos vendió la solución. El electricista que nos recomendó la sobrina de
Pocha.
-¿Otra copita?
- A ver si se le da por morirse justo en Carnaval, como la abuela Isabel...
-Pocha, la suegra de
Martita.
-Vos sabés que siempre fuimos como hermanas...
- ¿Un escribano? ¿Para qué?
-Y yo justo estaba en Punta del Este ¿podés creer?
- Una enfermera toda la noche ¿alguien tiene idea de lo que cuesta eso?
- No es mala voluntad, es que los hospitales me deprimen…
...............................
Durante una larga
charla que Martina y Miranda no olvidarán fácilmente, Coca las pone al tanto de
sus estrategias para combatir el estreñimiento. También les explica cómo
limpiar correctamente un inodoro y les habla de las ventajas de comer los
huevos pasados por agua en lugar de fritos.
Las dos primas -que
también son socias en una empresa de importación de griferías- están buscando
un hogar de ancianos para instalar a su tía Gregoria.
El lugar, una gran casa
antigua con jardín, parece confortable. Disponen de habitaciones compartidas o
individuales, con o sin baño privado. La cocina y la jardinería están a cargo
de los residentes, pero la participación es opcional, de acuerdo a los gustos y
capacidades de cada uno. El precio parece razonable. Gregoria no es rica, ni
mucho menos, pero tiene un ingreso regular y lo que falta lo completan entre
sus sobrinos. No todos colaboran, pero sí los suficientes.
Después de recorrer las
instalaciones, Martina y Miranda conversan un rato con algunas integrantes del
proyecto. Les ofrecen té de jazmín y panqueques de manzana.
-... aquel cuadro, el que estaba justo en la entrada...
- ¿Canela?
-No es para quedarme con nada, es sólo para saber...
-Le ofrecí llevarla al médico y me dijo no, gracias...
-... y entonces me subió la presión...
-Eran una gran familia. Su único defecto era que no existían.
- Las violetas combinan con hojas de eucaliptos...
- A diecisiete.
- Las lilas también, claro.
-Quiero decir, que no eran reales.
El único punto débil de todo este paquete es Gregoria.
Martina y Miranda temen que sea difícil hacerla ingresar a un grupo tan
selecto, pero el esfuerzo vale la pena. Si lo consiguen, estarán tranquilas por
unos meses. Y cuando el Hogar Primor les quiera devolver a su querida tía
abuela, ellas pondrán todo tipo de excusas para retardar el desenlace.
Pero entrar no es fácil. Necesitan la aprobación de todos
los integrantes. Martina y Miranda están dispuestas a pagar una sobrecuota para
que sea admitida, pero no están seguras de anunciarlo con antelación.
Resultaría sospechoso.
- Prima segunda por el lado de tu abuela… Célebre por su torpeza social.
Era incapaz de pasar una semana sin hacer un papelón.
-Para eliminar los yuyos, lo mejor sería asfaltar el jardín.
- ¿Te parece?
-Mi padre no era alcohólico…
-En la calle Olivos. Cerca de un terreno baldío donde ahora hay una
plaza de deportes.
-Unas copitas por la noche, después de cenar…
-Cuatro generaciones. Hasta que por fin nació un varón.
-Una costumbre inofensiva…
- Un llavero con forma de llavero. ¿Es mucho pedir?
-¿Y el gato sabrá que está vivo y muerto al mismo tiempo?
-No me estás entendiendo...
-El alcohol nunca fue un problema en mi familia…
-¿A quién le importa el gato?
-A mí me importa,
………….
Con cuidado, Moreira se incorpora en la cama y pone los pies en el suelo.
Permanece sentada unos segundos, para estabilizarse en la nueva posición.
Después calza las pantuflas, se levanta y se dirige al baño dando pasos cortos
y lentos. Se lava la cara con agua fría, como ha hecho siempre. El espejo le
devuelve una imagen que no reconoce del todo. Una mujer de cabellos grises que
se parece vagamente a su abuela.
Sale del baño y empieza a
dar vueltas por la habitación. Después de madrugar durante más de cuarenta años
para cumplir con las agendas de otras personas, ahora tiene que enviarle
órdenes a su cuerpo para que no se acelere. Ya no hay apuro. La empresa cerró y
ella dejó de trabajar. No hay horarios que respetar, ni fechas límites, ni
compromisos bancarios, ni entrevistas con el contador, ni asambleas de
accionistas.
Son las nueve menos cuarto
y tiene todo el día por delante.
………….
-En el Hospital Italiano, mañana a las ocho.
-Mi marido no era alcohólico… Algún vaso de whisky cada tanto, en reuniones
de negocios…
- Más a la derecha. Ahora un poquito más abajo...
-Lo del accidente fue un descuido, una distracción que no duró más de un
segundo. Por suerte no hubo heridos.
-No la puedo dejar sola y no encuentro a nadie que...
-Ahí, justo ahí... Con un clavito alcanza…
-¿Yo? Jamás. Ni una copita.
-Como mínimo tres horas, entre que le encuentran una vena que no esté
esclerosada, le pasan la medicación lentamente, para que la vía no colapse.
Después tengo que llevarla hasta su casa…
-Un taladro me parece una exageración…
-Ahí se hace cargo una vecina, una profesora retirada que era amiga de la
madre…
-¿Y tanto les gusta este cuadro? No digo que no, sólo que es un poco, cómo
decirlo… ¿y si colgamos un espejo?
…………
Su primer amor fue un capitán de quince años. Lo
siguieron Tabaré, un joven charrúa de ojos celestes, y Hamlet. Después de
ellos, los recuerdos se desordenan un poco. Reconoce haber pasado parte de su
madurez buscando a Zenón, un alquimista del siglo XVI condenado a morir en la
hoguera.
En los intervalos, hubo hombres de
carne y hueso.
Rosario, que está
disfrutando del amanecer de su vejez, aprovecha esa fría tarde de invierno para
continuar catalogando, con esmerada caligrafía gótica, la modesta biblioteca
del Hogar.
En una mecedora junto a la ventana está Moreira, recién
levantada de la siesta y dispuesta a tomarse un té de yuyos. Isidoro, que había
llegado al Hogar tratando de emanciparse de sus hijos, parece decidido a
encender un fuego en la chimenea. Tras armar un colchón de ramitas y hojas
secas, comienza a colocar los troncos en forma de pirámide, comenzando por los
más gruesos.
Algunos residentes tratan de limitar las horas dedicadas
a la televisión o a internet. Para eso se reúnen en la biblioteca, donde juegan
a las cartas, leen o comentan los avisos fúnebres del día. Otros cultivan la
paciencia escuchando las opiniones de Coca sobre diversos temas.
-¡Contraflor al resto!
-La que sabe es la hermana. La que es abogada no, la otra, la que vive en
México y está casada con un arquitecto.
-Con barajas españolas. No es difícil, pero sólo pueden jugar los que quieren hacerlo.
-¿Para el
estreñimiento? Un par de cucharadas de pulpa de durazno mezclada con miel.
En ayunas.
- Todo. Tuvimos que vender todo. Los camiones, la maquinaria, la cartera de
clientes.
-¡Retruco!
-Una parentela muy poco recomendable.
-Hasta el local.
- Vinagre de manzana. Una cucharadita en medio vaso de agua, para mejorar
la digestión.
……………..
-El norte puede estar hacia adelante o hacia atrás. Depende.
-No te creas, a veces queda al costado. ¿Otra copita?
Licor de menta, vodka, vino blanco, ginebra, ron.
Botellas de diversos tamaños, formas y colores, varios modelos de copas,
aflautadas y elegantes o chatas y panzonas, y vasos cortos de base ancha o
altos y delgados. La degustación semanal de cócteles está en su mejor momento.
Tiene lugar en una salita del primer piso, para evitar escaleras a la hora de
trasladarse a los dormitorios.
-El día que despierte y no me duela nada, voy a sospechar que fallecí
durante la noche.
- Una rodajita de limón para darle un toque cítrico.
-Las articulaciones, la cadera, las rodillas. A veces el cuello, también.
-El secreto está en respetar las proporciones.
-Y cada vez que me doy vuelta en la cama, me crujen todos los huesos.
-¿Almíbar?
En un tazón, varios tipos de hierbas. Ramitas de romero,
hojas de menta, albahaca. Un botellón con té helado y una fuente con frutas. Centros
de mesa hechos con vegetales de estación.
-Porque te casaste y te fuiste a vivir al siglo XIX. Por eso.
-¿No te parece que estás exagerando?
-Y dos aceitunas.
Con un vaso de whisky en la mano, Don Juan se entretiene
contando historias, probablemente ciertas, sobre su participación en un torneo
internacional de ajedrez, hace ya muchos años.
……………
La
única forma de evitar las penurias y miserias de la vejez es morirse joven, les
explicaba Gregoria a sus sobrinas cada vez que éstas se atrevían a visitarla.
Martina
y Miranda son pequeñas empresarias. Importan griferías desde Brasil y las
venden a unos pocos distribuidores, quedándose con un margen razonable. No
ganan mucho pero al menos recobran el dinero invertido y se guardan algo,
después de pagar los gastos y casi todos los impuestos.
-Si me muevo, me duele…
No
tienen un jefe al que rendirle cuentas, sino que funcionan insertas dentro de
una compleja red de vínculos que incluye a los clientes, a los clientes de sus
clientes, a los proveedores, los funcionarios de aduana, los fleteros, el
contador, el gerente del banco y otros.
-Y si no me muevo, también
me duele…
Su
contribución al producto bruto interno es más bien modesta, y la mayor parte
del tiempo se les va en resolver problemas que no deberían haberse presentado.
-Catorce pastillas diarias.
Todas de distintos colores.
………………………….
La
mejor sala de la ciudad. El velorio de Alfonsina era un éxito. Sin disimular su
satisfacción, Chichita reinaba entre los presentes. Atendía a los recién
llegados, consolaba a los deudos, inspeccionaba el servicio de té y café y
amonestaba cariñosamente a cualquiera que elevara apenas el tono de voz. Sólo
se admitían susurros.
-¿Martes? ¿Estás segura?
- Una copita cada tanto. No
hay por qué dramatizar...
-¿Todavía no se murió? Si yo
la vi hace unos meses y estaba en las últimas.
-Y cuando comenzó la
decadencia, seguimos gastando como en los buenos tiempos. Fue un declive lento,
que se prolongó durante décadas.
- El vino tiene muchas
propiedades. Es bueno para el cáncer, la diabetes, el colesterol. No lo digo
yo, está en Internet.
- Primero dejamos de ganar,
después pasamos a consumir el capital y los ahorros, y por último comenzaron
los préstamos.
-…y cuando la vi le dije,
pero che qué bien que estás…
-Saldos en rojo, sobregiros,
deudas.
-…y qué otra cosa le iba a
decir, si al final es mejor morirse de un infarto…
Diversos
ramos de flores se amontonaban en torno al féretro. Lirios, rosas, claveles.
- Las cartas las quemamos.
Por si acaso... Ofelia y yo, en el fogón de la cocina.
- Yo al panteón de los
Mastropiero no voy. Prefiero que me incineren.
- Y nunca le contamos nada a
nadie.
- ¿Y Rosita? ¿Dónde está
Rosita?
-Las quemamos, sí… Una por
una, en el fogón de la cocina.
- Y cuando no tengo ganas de
levantarme, me levanto sin ganas...
- En la calle Olivos. Pero
la casa ya no existe, la demolieron para construir un galpón. Ahora hay una
empresa de transportes, creo.
....................
El vencimiento de un vale bancario esa misma tarde
ocupa toda la capacidad mental de Diego. Sentado en una silla tan incómoda como
elegante, el joven director de una vieja empresa familiar medita, sopesando las
diversas posibilidades que tiene a su alcance. Renovar el vale o no. Achicarlo.
Pagar una parte de los intereses. Pedir una prórroga. Cancelar el préstamo
pidiendo dinero a otro banco. Asaltar el banco. Firmar sin pensarlo más. No firmar.
Liquidar la empresa y buscarse un empleo. Liquidar la empresa y fugarse a algún
paraíso fiscal en el Caribe.
-Y lo peor es la humedad…
El comentario de su abuela interrumpe sus
pensamientos. Como todos los lunes, está cumpliendo con su visita semanal al
Hogar Primor. Hace ya dos años que su querida abuela Fifa tuvo la peregrina
idea de abandonar un confortable apartamento en uno de los barrios más seguros
de la ciudad para irse a vivir con gente que apenas conocía, un grupo de
seniors aburridos en busca de un proyecto que los motivara.
-Siete pastillas por la mañana y nueve por la
tarde. Todos los días.
Diego ha heredado el patrimonio suficiente como
para vivir sin apremios, de modo que no necesita salir a ganarse el pan de cada
día. Su actividad en la empresa es más bien una cuestión de tradición y
costumbre. Cerca de cincuenta familias dependen de su funcionamiento y alguien tiene
que estampar su firma en las actas de directorio. Y en los cheques, en los
vales, en los contratos, en las declaraciones juradas, en los formularios
fiscales, etcétera, etcétera. El asunto no carece de beneficios, pero en estos
momentos, mientras asiente distraídamente a los comentarios de su abuela sobre
el nuevo instructor de yoga, Diego está pensando en los costos. Las noches de
insomnio antes de cerrar un negocio importante, los ocasionales ataques de
pánico, las vacaciones arruinadas por un mensaje en el celular, el miedo
constante a una estafa, a la quiebra de un deudor importante o a los altibajos
bruscos en la cotización del dólar o en el precio del hierro.
-Y lo peor es la humedad…
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Uno
de los mellizos había vuelto, pero el otro seguía perdido. Para la mayoría de
los residentes, lo que hicieran estos jóvenes jardineros no tenía ninguna
importancia, sólo era un tema de conversación durante la cena. La única persona
que decidió hacer algo, aparte de opinar sobre el asunto, fue Coca. Ese martes,
después de la siesta, se puso la gabardina, tomó la cartera y el paraguas, y
salió a buscar al hermano que faltaba. Sin esperanzas de encontrarlo, pero
dispuesta a hacer el intento. Prefería agregar otro fracaso a su vida antes que
quedarse encerrada tomando el té.
No era el afecto, emoción
incomprensible para Coca, lo que motivaba sus actos, sino el aburrimiento. En
realidad, detestaba a los dos chicos por igual y ni siquiera trataba de
distinguirlos. Pero su único recurso contra el tedio era la actividad.
Los mellizos fungían en el Hogar como
ayudantes de jardinería, aunque sólo les interesaba cultivar plantas de
cannabis. Recibían alojamiento y comida y cobraban un sueldo meramente
simbólico. Las preocupaciones y dolores de cabeza que provocaban con sus
conductas erráticas hacían que algunos residentes pudieran dar un propósito a
sus vidas. Era difícil no sentirse útil frente a jóvenes tan desorientados.