Siempre estamos ahí, en cualquier lugar del mundo, apretados en una cama demasiado chica para dos personas. Mi cabeza apoyada en el hueco de tu axila. Se sienten los ruidos de la calle y el tic tac de un reloj. Tal vez hay manchas de humedad en el cielorraso de esa habitación que no recuerdo. Imágenes de la noche anterior siguen flotando en la madrugada. Un partido de truco que se cierra con una contraflor al resto, un vaso con grapa apoyado sobre una carpeta, el olor del tabaco negro, un leve temblor en mis cuerdas vocales, el revoque irregular de una pared, tu barba de unos días rozando la piel de mi cuello.
martes, 25 de diciembre de 2018
Hogar dulce hogar
Tras revisar exhaustivamente las cuentas, Tita anuncia
que tal vez, tal vez, puedan llegar a fin de mes con un módico superávit. Aun
así, debían respetar el presupuesto y recortar los gastos innecesarios. El
Hogar Primor tenía ahorros, pero Tita era renuente a utilizarlos. Soluciones
fáciles, como aumentar la cuota, no siempre podían aplicarse.
No todos los residentes se interesaban en los números.
Muchos ni siquiera sabían distinguir un gasto de una inversión. Pero tras haber
sobrevivido a varias catástrofes financieras, nacionales e importadas, su
primera reacción frente a una crisis era esconder las tarjetas de crédito.
Por otra parte, incluso
quienes eran partidarios de ejercer un control casi neurótico sobre los gastos,
reconocían que cada tanto había que darse un gusto. A esa altura de la vida,
una dosis de autoindulgencia no iba a matar a nadie.
Al comenzar el proyecto
habían cometido errores que los acercaron a la quiebra, pero a fuerza de
análisis y autocrítica fueron corrigiendo los más graves. La estrategia de Tita
se basaba en la desconfianza. Anotaba todos los movimientos de dinero, previstos
o imprevistos, en una libreta. Y con esa libreta controlaba escrupulosamente
los estados de cuenta que cada mes les enviaba el estudio contable. No en vano
provenía de una familia cuya tradición principal era robarse los unos a los
otros.
Aún quedaban cuotas
pendientes de la última impermeabilización de la azotea. Cuando terminaran de
pagarlas, podían tomarse un respiro de unos meses antes de encarar el reciclaje
de los baños, o la pintura de la barbacoa. Cualquier manual explicaba que había
que evaluar los recursos para después planificar las siguientes inversiones. Y
sobre todo, repetía Tita cada vez que tenía oportunidad, plantearse metas
realistas.
……………………
-Hoy es jueves -afirma Coca con una seguridad envidiable.
Sentadas en torno al lecho de muerte de Alfonsina, sus
amigas conversan animadamente sobre los temas del momento. Cómo hacer frente a
los gastos del entierro, a quién le corresponde pagar el impuesto a la
herencia, cuál es la madera más adecuada para un féretro o la mejor sala para
realizar el velorio.
- Si en lugar de creerle al médico me hubieran hecho caso a mí...
- De madera noble, maciza. Línea Premium.
-¿La tía Paca? Hasta los noventa y seis. Creo que se llamaba Francisca,
por San Francisco de Asís o de Sales, pero siempre le dijimos Paca.
-Y con herrajes de bronce.
-Paquita, le decía el abuelo. Nunca se casó. No era muy linda que
digamos... Además, fumaba…
- Si tenemos en cuenta la relación precio – calidad, ésta es la mejor
opción.
- Unos cigarros enormes, de chala. Y en los últimos años, después de
morir la China, le dio por tomar grapa, o caña, o lo que fuera.
-Deberíamos elegir un ataúd ecológico. Es lo que a ella le gustaría.
Sumida en un sueño profundo y dulce, inducido por la
medicación, Alfonsina espera. Los residentes del Hogar se turnan para
acompañarla y siempre hay alguien sosteniendo su mano. El arquitecto Bonelli le
lleva flores frescas todos los días. En la cabecera de su cama, apenas visible,
cuelga un rosario de nácar que incomoda a Coca.
- ¿Una copita? Licor de carqueja, es bueno para el hígado.
……………………….
El arquitecto Bonelli
trabaja todas las mañanas en la quinta del Hogar. La producción de alimentos
orgánicos no es para él una actividad con fines comerciales, pero si logra
cumplir el modesto objetivo de abastecer el consumo interno, el Hogar tendrá un
importante ahorro económico, ya que los altibajos en los precios de los
vegetales son permanentes. Cuando no son las sequías son las inundaciones, las
heladas o el granizo.
El mantenimiento de la
quinta requiere un trabajo físico intenso. Y aunque los demás residentes
aplauden todas sus propuestas, lo cierto es que sólo él está dispuesto a
encargarse de limpiar el suelo de malezas, combatir yuyos, plagas y parásitos,
remover la tierra para que se oxigene y regar todos los días. Estas actividades
al aire libre le causan dolor de espalda y ampollas en las manos, pero también
le permiten dormir mejor por las noches. Las agendas encuadernadas en cuero
donde antes anotaba sus obligaciones diarias han quedado atrás. En su nueva
profesión de horticultor biológico tienen más importancia las fases lunares, el
sol, la lluvia o el granizo que las variaciones en la cotización del
hierro.
Se inclina con cuidado
para inspeccionar unas hojas y después se reincorpora, satisfecho. Las verduras
parecen estar creciendo conforme a lo planificado. Dentro de unos días podrá
sorprender a Chichita con una gran canasta de zanahorias.
........................
- ...que no se les ocurra despertarme a las tres de la madrugada para
avisarme...
-Nos armó un problema y
después nos vendió la solución. El electricista que nos recomendó la sobrina de
Pocha.
-¿Otra copita?
- A ver si se le da por morirse justo en Carnaval, como la abuela Isabel...
-Pocha, la suegra de
Martita.
-Vos sabés que siempre fuimos como hermanas...
- ¿Un escribano? ¿Para qué?
-Y yo justo estaba en Punta del Este ¿podés creer?
- Una enfermera toda la noche ¿alguien tiene idea de lo que cuesta eso?
- No es mala voluntad, es que los hospitales me deprimen…
...............................
Durante una larga
charla que Martina y Miranda no olvidarán fácilmente, Coca las pone al tanto de
sus estrategias para combatir el estreñimiento. También les explica cómo
limpiar correctamente un inodoro y les habla de las ventajas de comer los
huevos pasados por agua en lugar de fritos.
Las dos primas -que
también son socias en una empresa de importación de griferías- están buscando
un hogar de ancianos para instalar a su tía Gregoria.
El lugar, una gran casa
antigua con jardín, parece confortable. Disponen de habitaciones compartidas o
individuales, con o sin baño privado. La cocina y la jardinería están a cargo
de los residentes, pero la participación es opcional, de acuerdo a los gustos y
capacidades de cada uno. El precio parece razonable. Gregoria no es rica, ni
mucho menos, pero tiene un ingreso regular y lo que falta lo completan entre
sus sobrinos. No todos colaboran, pero sí los suficientes.
Después de recorrer las
instalaciones, Martina y Miranda conversan un rato con algunas integrantes del
proyecto. Les ofrecen té de jazmín y panqueques de manzana.
-... aquel cuadro, el que estaba justo en la entrada...
- ¿Canela?
-No es para quedarme con nada, es sólo para saber...
-Le ofrecí llevarla al médico y me dijo no, gracias...
-... y entonces me subió la presión...
-Eran una gran familia. Su único defecto era que no existían.
- Las violetas combinan con hojas de eucaliptos...
- A diecisiete.
- Las lilas también, claro.
-Quiero decir, que no eran reales.
El único punto débil de todo este paquete es Gregoria.
Martina y Miranda temen que sea difícil hacerla ingresar a un grupo tan
selecto, pero el esfuerzo vale la pena. Si lo consiguen, estarán tranquilas por
unos meses. Y cuando el Hogar Primor les quiera devolver a su querida tía
abuela, ellas pondrán todo tipo de excusas para retardar el desenlace.
Pero entrar no es fácil. Necesitan la aprobación de todos
los integrantes. Martina y Miranda están dispuestas a pagar una sobrecuota para
que sea admitida, pero no están seguras de anunciarlo con antelación.
Resultaría sospechoso.
- Prima segunda por el lado de tu abuela… Célebre por su torpeza social.
Era incapaz de pasar una semana sin hacer un papelón.
-Para eliminar los yuyos, lo mejor sería asfaltar el jardín.
- ¿Te parece?
-Mi padre no era alcohólico…
-En la calle Olivos. Cerca de un terreno baldío donde ahora hay una
plaza de deportes.
-Unas copitas por la noche, después de cenar…
-Cuatro generaciones. Hasta que por fin nació un varón.
-Una costumbre inofensiva…
- Un llavero con forma de llavero. ¿Es mucho pedir?
-El alcohol nunca fue un problema en mi familia…
………….
Con cuidado, Moreira se incorpora en la cama y pone los pies en el suelo.
Permanece sentada unos segundos, para estabilizarse en la nueva posición.
Después calza las pantuflas, se levanta y se dirige al baño dando pasos cortos
y lentos. Se lava la cara con agua fría, como ha hecho siempre. El espejo le
devuelve una imagen que no reconoce del todo. Una mujer de cabellos grises que
se parece vagamente a su abuela.
Sale del baño y empieza a
dar vueltas por la habitación. Después de madrugar durante más de cuarenta años
para cumplir con las agendas de otras personas, ahora tiene que enviarle
órdenes a su cuerpo para que no se acelere. Ya no hay apuro. La empresa cerró y
ella dejó de trabajar. No hay horarios que respetar, ni fechas límites, ni
compromisos bancarios, ni entrevistas con el contador, ni asambleas de
accionistas.
Son las nueve menos cuarto
y tiene todo el día por delante.
………….
-En el Hospital Italiano, mañana a las ocho.
-Mi marido no era alcohólico… Algún vaso de whisky cada tanto, en reuniones
de negocios…
- Más a la derecha. Ahora un poquito más abajo...
-Lo del accidente fue un descuido, una distracción que no duró más de un
segundo. Por suerte no hubo heridos.
-No la puedo dejar sola y no encuentro a nadie que...
-Ahí, justo ahí... Con un clavito alcanza…
-¿Yo? Jamás. Ni una copita.
-Como mínimo tres horas, entre que le encuentran una vena que no esté
esclerosada, le pasan la medicación lentamente, para que la vía no colapse.
Después tengo que llevarla hasta su casa…
-Un taladro me parece una exageración…
-Ahí se hace cargo una vecina, una profesora retirada que era amiga de la
madre…
-¿Y tanto les gusta este cuadro? No digo que no, sólo que es un poco, cómo
decirlo… ¿y si colgamos un espejo?
…………
Su primer amor fue un capitán de quince años. Lo
siguieron Tabaré, un joven charrúa de ojos celestes, y Hamlet. Después de
ellos, los recuerdos se desordenan un poco. Reconoce haber pasado parte de su
madurez buscando a Zenón, un alquimista del siglo XVI condenado a morir en la
hoguera.
En los intervalos, hubo hombres de
carne y hueso.
Rosario, que está
disfrutando del amanecer de su vejez, aprovecha esa fría tarde de invierno para
continuar catalogando, con esmerada caligrafía gótica, la modesta biblioteca
del Hogar.
En una mecedora junto a la ventana está Moreira, recién
levantada de la siesta y dispuesta a tomarse un té de yuyos. Isidoro, que había
llegado al Hogar tratando de emanciparse de sus hijos, parece decidido a
encender un fuego en la chimenea. Tras armar un colchón de ramitas y hojas
secas, comienza a colocar los troncos en forma de pirámide, comenzando por los
más gruesos.
Algunos residentes tratan de limitar las horas dedicadas
a la televisión o a internet. Para eso se reúnen en la biblioteca, donde juegan
a las cartas, leen o comentan los avisos fúnebres del día. Otros cultivan la
paciencia escuchando las opiniones de Coca sobre diversos temas.
-¡Contraflor al resto!
-La que sabe es la hermana. La que es abogada no, la otra, la que vive en
México y está casada con un arquitecto.
-Con barajas españolas. Pero sólo pueden jugar los que quieren hacerlo.
-¿Para el
estreñimiento? Un par de cucharadas de pulpa de durazno mezclada con miel.
En ayunas.
- Todo. Tuvimos que vender todo. Los camiones, la maquinaria, la cartera de
clientes.
-¡Retruco!
-Una parentela muy poco recomendable.
-Hasta el local.
- Vinagre de manzana. Una cucharadita en medio vaso de agua, para mejorar
la digestión.
……………..
-El norte puede estar hacia adelante o hacia atrás. Depende.
-No te creas, a veces queda al costado. ¿Otra copita?
Licor de menta, vodka, vino blanco, ginebra, ron.
Botellas de diversos tamaños, formas y colores, varios modelos de copas,
aflautadas y elegantes o chatas y panzonas, y vasos cortos de base ancha o
altos y delgados. La degustación semanal de cócteles está en su mejor momento.
Tiene lugar en una salita del primer piso, para evitar escaleras a la hora de
trasladarse a los dormitorios.
-El día que despierte y no me duela nada, voy a sospechar que fallecí
durante la noche.
- Una rodajita de limón para darle un toque cítrico.
-Las articulaciones, la cadera, las rodillas. A veces el cuello, también.
-El secreto está en respetar las proporciones.
-Y cada vez que me doy vuelta en la cama, me crujen todos los huesos.
-¿Almíbar?
En un tazón, varios tipos de hierbas. Ramitas de romero,
hojas de menta, albahaca. Un botellón con té helado y una fuente con frutas. Centros
de mesa hechos con vegetales de estación.
-Porque te casaste y te fuiste a vivir al siglo XIX. Por eso.
-¿No te parece que estás exagerando?
-Y dos aceitunas.
Con un vaso de whisky en la mano, Don Juan se entretiene
contando historias, probablemente ciertas, sobre su participación en un torneo
internacional de ajedrez, hace ya muchos años.
……………
La
única forma de evitar las penurias y miserias de la vejez es morirse joven, les
explicaba Gregoria a sus sobrinas cada vez que éstas se atrevían a visitarla.
Martina
y Miranda son pequeñas empresarias. Importan griferías desde Brasil y las
venden a unos pocos distribuidores, quedándose con un margen razonable. No
ganan mucho pero al menos recobran el dinero invertido y se guardan algo,
después de pagar los gastos y casi todos los impuestos.
-Si me muevo, me duele…
No
tienen un jefe al que rendirle cuentas, sino que funcionan insertas dentro de
una compleja red de vínculos que incluye a los clientes, a los clientes de sus
clientes, a los proveedores, los funcionarios de aduana, los fleteros, el
contador, el gerente del banco y otros.
-Y si no me muevo, también
me duele…
Su
contribución al producto bruto interno es más bien modesta, y la mayor parte
del tiempo se les va en resolver problemas que no deberían haberse presentado.
-Catorce pastillas diarias.
Todas de distintos colores.
………………………….
La
mejor sala de la ciudad. El velorio de Alfonsina era un éxito. Sin disimular su
satisfacción, Chichita reinaba entre los presentes. Atendía a los recién
llegados, consolaba a los deudos, inspeccionaba el servicio de té y café y
amonestaba cariñosamente a cualquiera que elevara apenas el tono de voz. Sólo
se admitían susurros.
-¿Martes? ¿Estás segura?
- Una copita cada tanto. No
hay por qué dramatizar...
-¿Todavía no se murió? Si yo
la vi hace unos meses y estaba en las últimas.
-Y cuando comenzó la
decadencia, seguimos gastando como en los buenos tiempos. Fue un declive lento,
que se prolongó durante décadas.
- El vino tiene muchas
propiedades. Es bueno para el cáncer, la diabetes, el colesterol. No lo digo
yo, está en Internet.
- Primero dejamos de ganar,
después pasamos a consumir el capital y los ahorros, y por último comenzaron
los préstamos.
-…y cuando la vi le dije,
pero che qué bien que estás…
-Saldos en rojo, sobregiros,
deudas.
-…y qué otra cosa le iba a
decir, si al final es mejor morirse de un infarto…
Diversos
ramos de flores se amontonaban en torno al féretro. Lirios, rosas, claveles.
- Las cartas las quemamos.
Por si acaso... Ofelia y yo, en el fogón de la cocina.
- Yo al panteón de los
Mastropiero no voy. Prefiero que me incineren.
- Y nunca le contamos nada a
nadie.
- ¿Y Rosita? ¿Dónde está
Rosita?
-Las quemamos, sí… Una por
una, en el fogón de la cocina.
- Y cuando no tengo ganas de
levantarme, me levanto sin ganas...
- En la calle Olivos. Pero
la casa ya no existe, la demolieron para construir un galpón. Ahora hay una
empresa de transportes, creo.
....................