sábado, 22 de agosto de 2020

NOMBRES QUE OLVIDAMOS

 

                                                                      

 

                   Un terreno baldío sobre la calle Senaqué, finísimos cortes en los antebrazos de Juliana, el inhalador para el asma, el pelo lacio de Clara sobre las rodillas de Maxi. Ni miedo, ni ansiedad, ni deseos. Un domingo de invierno, un dios que nunca existió, los padres de Alan, que se fueron a Brasil y no regresaron, una medallita con la fecha de una maratón, manchas doradas en los ojos de Rodrigo. Una figura solitaria que avanza con paso inseguro, un moretón, una voz que se apaga en la mitad de una frase, la pelota azul y blanca que dejaron los reyes magos, un rectángulo de tierra en algún lugar, parientes lejanos que ni siquiera vinieron. Un mundo liviano, transparente. Calles que no conducen a ninguna parte, los pies descalzos de Federico, un motor que acelera, un diminuto lunar junto al párpado izquierdo, alguien que vuelve a su casa poco antes de la madrugada, con una sensación térmica de siete grados y un pronóstico de frío polar para los próximos días.

                  

lunes, 16 de marzo de 2020

TRIZAS


Publicado en Cuadernos de Marcha,  enero de 1997.

               Resultado de imagen de hammershoi

             Mi voz resuena con claridad en esta habitación de techos altos. La abuela es un poco sorda y la comunicación con ella es difícil.
                -Afuera está refrescando. Parece que el tiempo se va a arreglar- digo, por decir algo.
                Reclinada en su mecedora, la abuela me recuerda que la luna de setiembre se hizo con agua. Seguirá la lluvia, entonces.
                A la abuela siempre hay que decirle cómo está el tiempo en la calle, si hace frío, si está soleado, si llueve. Nos quedamos calladas durante unos minutos. Luego me pregunta por mis cosas, le contesto que bien. Siempre muy ocupada, aclaro enseguida. Esta frase la repito cada vez que vengo, en un intento pueril de excusar mis largos meses de ausencia.
                Una de mis tías me ofrece un café. Un poco liviano para mi gusto.
                La abuela, en un último intento de entablar una conversación, me pregunta por Violeta. Mi madre.
                Mi voz clara se vuelve tensa al vocalizar cada palabra de una respuesta convencional. Después de todo, la abuela no tiene la culpa. Miro el reloj, mientras ella parece renunciar al diálogo refugiándose en su sordera. Me siento más cómoda, ya que en silencio siempre nos entendemos mejor.
                Respiro hondo, me reclino en el asiento y -cautamente- dejo vagar mi mirada por la habitación.
                Por la escalera, que ahora me parece angosta y oscura, mis primos y yo subíamos hasta el cuarto de tía Tula. Por el árbol que da a su ventana nos deslizábamos hacia el jardín y Ofelia, que nos había visto subir, se extrañaba al vernos regresar por la puerta del fondo. Esa extrañeza, plasmada en una leve inclinación de su frente, era una de nuestras diversiones favoritas en aquellas largas tardes inmóviles.
                Me saco las gafas para frotarlas meticulosamente con la punta de mi blusón. La casa de la abuela está siempre igual. Aquí el tiempo deja de ser tiempo para cristalizar en imágenes resecas, como aquellos pétalos que guardábamos entre las páginas de un libro sólo para encontrarlos, años después, convertidos en un papel crujiente que se deshacía al contacto con el aire.
                Siete y media. La abuela me ofrece un bombón, señal de que está satisfecha con mi visita -y tal vez un poquito fatigada por mi presencia-. Me acompaña hasta la puerta donde nos damos varios besos en cada mejilla, vieja costumbre nuestra. Antes de salir me llega un suave reproche, tal vez una súplica.
                -A ver si mis nietas me visitan más a menudo.
                Le estrecho las manos y me voy.
                La casa, altísima, se proyecta muy blanca contra el cielo de un azul profundo, casi negro. Desde la esquina vuelvo a mirarla fugazmente y me pregunto, una vez más, a qué carajo vine.

martes, 6 de agosto de 2019

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UN ESPACIO EN BLANCO

 

            Son las tres de la tarde y estoy flotando en las orillas del medio ambiente. Desde esta perspectiva exterior, nuestro mundo resulta ligeramente irregular. Las plantas junto a la ventana, el vaso de agua mineral sobre la mesa, una manzana mordida que comienza a amarillear, el control remoto del televisor, el polvo sobre los libros, el tablero de ajedrez con una partida sin terminar, la alfombra, todo presenta una leve distorsión, una casi imperceptible curvatura. Siento la voz de Martín y vuelvo rápidamente a mi cuerpo.

            -¿Lapiceras? En el primer cajón del escritorio.


BAJO EL SIGNO DE CÁNCER (II)



                                        RECAÍDA


Adenomegalias hipermetabólicas yugulocarotídeas derechas y supraclaviculares izquierdas que por su intensidad de captación sugieren recaída ganglionar.
9 de abril 2013.


Diez de la noche. Estamos esperando unas muzzarellas con fainá que pedimos al boliche de la esquina. Martín está analizando el llamado de una empresa holandesa para enviar colonos al planeta Marte, mientras yo pongo al día la contabilidad doméstica.
El lunes me van a abrir el cuello para extraer una muestra del tumor que apareció junto a la yugular. ¿Tendré que ir a la peluquería? ¿Comprarme un camisón nuevo?
……

Pongo el aire acondicionado a 25 grados. Martín lo baja a 21. Lo vuelvo a subir, Martín lo vuelve a bajar.
Así nos pasamos todo el domingo.
……

Sábado 27 de abril. La herida está evolucionando bien, aunque el vendaje me molesta un poco. Ayer tuve consulta con el cirujano, me comentó que el bultito estaba muy pegado a la yugular y eso había ocasionado alguna dificultad para tomar las muestras. Le dije que no había sentido ningún dolor después de la operación.
……

            Metástasis ganglionar e intersticial cervical a expensas de un carcinoma trabéculo - cordonal (palabras nuevas) cuya morfología evoca primitivo mamario. Secciones que muestran una proliferación epitelial atípica trabéculo-cordonal, inmersa en estroma fibroso denso (más palabras nuevas). En un fragmento Nº 2 comprobamos un ganglio linfático comprometido por la neoplasia. En el intersticio identificamos imágenes embólicas carcinomatosas linfovasculares. 3 de mayo.
Una cuarta serie de quimioterapia. ¿Y si mi organismo no resiste? ¿O el tumor no retrocede?
           El miedo está siempre ahí, pero la mayor parte del tiempo no le presto atención. Cada tanto se hace notar un poco, como un vecino que ocasionalmente hace ruidos molestos. 
          Cuando el miedo ataca de frente, sin embargo, no se puede ignorar. Hay que aceptarlo, integrarlo, darle su lugar, dejar que domine el panorama. Contar varias veces hasta cien mientras el pánico se apodera del corazón. Respirar hondo y después decidir si preparar merluza o brótola para el almuerzo. 
……

Lapatinib ditosilato monohidrato. Para pacientes con cáncer de mama avanzado o metastásico con progresión. Posibles efectos adversos. Diarrea, náuseas, vómitos. Erupción, ¿eritrodisestesia? palmar plantar. Anorexia, insomnio, cefalea. Disminución de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo. Sofocos, tos, disnea. Fatiga, astenia. Y otros.
Cinco pastillas por día.
……
           
Una de mis aspiraciones es llegar a convertirme alguna vez en una ecuación matemática. Una ecuación compleja pero elegante, que me permita dejar atrás miedos y rencores.
Si no lograra dar con la ecuación indicada, estaría dispuesta a convertirme en un endecasílabo.
……

Viernes. Martín se fue a acampar con unos amigos.
…desarrollan nueva terapia para evitar la metástasis del cáncer de mama… identifican una proteína que evita el desarrollo tumoral en determinados tipos de moscas… una vacuna detiene avance de metástasis en ratones de laboratorio…
Después de pasear un rato por internet, apagué la computadora y me fui a dormir. Me lavé los dientes, me pasé una crema de limpieza por el rostro, me puse el camisón y me metí en la cama acompañada de una novela romántica.
Al rato la cambié por un sudoku.
……

Siete pastillas por día, catorce días por ciclo, seis ciclos. Total, quinientas ochenta y ocho gigantescas pastillas de capecitabina.
Más las cinco diarias de lapatinib.
……

Martín volvió del campo con una gripe fuertísima. Además de estornudos, toses y flemas, hay que aguantarle el mal humor y la frustración de no poder salir este sábado.
            Estoy irracionalmente enojada con él por haber introducido un virus en el apartamento.
……

Miércoles, sin novedades. Transitando la segunda década del tercer milenio de la era cristiana.
Me salió una grieta en la piel, debajo de una uña del pie. Es muy molesta y me dificulta caminar. También tengo una leve erupción cutánea que comenzó hace unos días y avanza, lenta pero inexorablemente.
……

Jueves de noche. Después de limpiar una corvina, la ponemos en el horno sobre una capa de tomates y cebollas. Mientras pelamos las papas para hacer un puré, tarareamos Mambrú se fue a la guerra y escuchamos fragmentos del informativo de las siete. 
Sueño con descorchar una botella de Sauvignon Blanc.
……

18 de julio. Primer día del tercer ciclo de la cuarta serie. Me sangran las encías cuando me cepillo los dientes y los eosinófilos en la sangre aumentaron al nueve por ciento. No tengo la menor idea de lo que esto puede significar.
Afuera hace frío, un frío polar que durará hasta el próximo jueves. El termómetro dentro del apartamento marca veinte grados.
Espero que cuando llegue el momento, Martín haga un duelo tranquilo. Sin buscar recetas para el dolor, sin eludir la tristeza. Sin marcarse plazos. Que siga con su rutina diaria y me conserve en su memoria, el tiempo que pueda.
……

Terminé de pasar la aspiradora por todos los rincones del apartamento. Los ácaros que habitan en el polvo doméstico avanzan, de todos modos.
Me sangran los talones, la piel de mis manos se está resecando y tengo ampollas en la lengua y en el paladar. Ampollas diminutas, que apenas se sienten.
No salí en todo el día.
……

Hace una semana que no salgo a la calle. Cuando lo intento, me quedo parada frente a la puerta, con el abrigo puesto y las llaves en la mano.
Después de mucho pensarlo, decido bajar la basura. Para eso tengo que entrar al ascensor, ir hasta la planta baja, atravesar el vestíbulo, saludar al portero y salir a la vereda. Dejo mi bolsita en el contenedor que está frente al edificio y regreso.
Llego a mi apartamento agotada pero feliz. Acabo de franquear una barrera invisible.
Tal vez esta tarde, o mañana, pueda ir hasta la farmacia que está en la esquina.
……

Último día del tercer ciclo de la cuarta serie. La próxima vez que me pregunten mi profesión, voy a contestar: sobreviviente de cáncer.
            ¿Edad? Sobreviviente de cáncer. ¿Estado civil? Sobreviviente de cáncer. ¿Nacionalidad? Sobreviviente.
Ayer fue mi cumpleaños.
……


…avance crucial en la lucha contra el cáncer, un fármaco para el asma frena la expansión de los tumores de mama en ratones de laboratorio, comercializado sólo en Corea del Sur, ardua investigación llevada a cabo con ratones modificados, resultados muy alentadores…
Martín fue a Flores a pasar el fin de semana.
……

Miércoles 4 de setiembre. Los alimentos han perdido el sabor, la piel de mis manos y mis pies sigue agrietándose y mi cara está cubierta de pecas.
Los marcadores tumorales en la sangre descendieron a la décima parte.
……

Último viernes del mes. Lluvioso, inestable, húmedo.
Estuve un rato mirando el cielo encapotado, tratando de decidir si ir hasta la clínica caminando o tomarme un taxi. Cuando empezaron a caer las primeras gotas, me decidí.
Mientras esperaba en el vestíbulo, me enteré de que anoche unos chicos alcoholizados amenazaron con tirar piedras contra el gran ventanal del edificio.
El guardia de turno terminó en la emergencia con una taquicardia incontrolable.
……

Martes. Estuve toda la mañana observando con atención la uña del dedo gordo de mi pie derecho. La grieta en la piel no parece crecer ni disminuir. Está ahí, persistente.
Me duele cuando camino.
El antivirus de mi laptop acaba de caducar. Martín se unió a un club de ajedrez. Klaus ha vuelto a escribirme.
Me exprimo el cerebro para recordar la contraseña de mi cuenta de Linkedin.

……

Tarareo los sonidos del silencio mientras me pongo el abrigo. Revuelvo la cartera buscando la llave, siento el sabor de la sangre en las encías.
Son las cinco menos cuarto. Entre las cinco y las seis tengo que retirar el resultado del PET.
……
           
Jueves, once de la mañana. Martín se pasea por el apartamento haciendo toda clase de ruidos molestos. Estornudos, carraspeos, toses, eructos. Como estoy acostumbrada a estar sola cuando escribo, este continuo deambular me pone los pelos de punta. Hay paro general y las actividades habituales están suspendidas. Llueve, lo que le impide salir a correr por el parque.
            Resultado del PET: remisión completa.
……

Ojeras, canas en las sienes, la palidez del invierno.
Marcado descenso de la temperatura, con una sensación térmica que rondará los trece grados centígrados. Tormentas aisladas y abundante nubosidad, sobre todo en zonas costeras, capital y área metropolitana.
Me sangra el talón del pie derecho. Me puse algodón y vendas para poder caminar.
……

Entrando en la recta final. Faltan cuatro días para terminar el tratamiento.
Me quedan tres dosis de capecitabina, una hoy de noche y dos durante el día de mañana. Cuando pienso que, a razón de veintiocho tomas por ciclo durante seis ciclos, he tomado ya ciento sesenta y cinco dosis, no puedo creer que estas tres últimas me cuesten tanto.
            Tengo que hacer un esfuerzo para no tirar los comprimidos a la basura.
……

Fin. Terminé. Última dosis.
……

Un balde de agua fría. Tuve consulta con el médico. Parece que esta serie no es de seis ciclos, como las anteriores. Es indefinida. Es crónica. O sea, es para siempre. Catorce días tomando doce pastillas, siete días tomando cinco.
Así hasta que me muera, de cáncer o de asfixia, atragantada por la medicación.
……

...towards inclusive education, the future of drone - delivery systems, Porto draw Bayern Munich in quarterfinal...
Vaqueros, un buzo gris, zapatos cómodos. Tarareando la novena sinfonía me pongo la campera, por si llueve. Voy hasta la clínica a retirar un medicamento.
Ahora que el miedo a morir ha pasado a un segundo plano, tengo que volver a lidiar con el miedo a vivir.

……


Jueves 5 de diciembre. Hoy me sentí razonablemente feliz, durante casi media hora. Después desayuné, me maquillé un poco y salí a caminar por el parque.




LA MISMA HISTORIA, OTRA VEZ


 



     Gastos generales a Caja. Mercado Papelero, Factura de Crédito Nº 145783. Trescientos veinte pesos, impuestos incluidos. Desglose del Iva. Combustible a Caja. Estación Capurro, Factura Nº 338546. Quinientos pesos. No lleva Iva. Mercaderías a Acreedores Varios. Tuilex, Factura Nº 47362. Dos mil cuatrocientos. ¿Descuentos? Ah, sí, siete por ciento. Borra la columna anterior y corrige el asiento. Se pone los lentes para ver mejor el número del siguiente comprobante. La última cifra parece un seis. O un ocho. ¿Lapiceras? En el estante debajo de la caja. Si no, junto a la calculadora. Tres y veinte. A las cuatro un descanso de treinta minutos.

………

     Tiene en sus manos un pasaporte de la unión europea. Sueña con irse a cualquier lugar del mundo. Juega con el globo terráqueo, lo hace girar sobre su eje y entrecierra los ojos. Haciendo trampa, elige un punto al azar. Roma.
     Retoma sus clases de italiano, cursos intensivos de conversación en un instituto vinculado a la embajada. Relee a Antonio Tabbuchi, frecuenta los titulares de La Repubblica, estudia la geografía de las diversas regiones.
     Quebrantos a Caja.
………

Intereses a Pérdidas. Junio siempre es un mes difícil, comenta Cecilia por tercera vez en lo que va de la tarde. No hay de qué preocuparse, todas las empresas tienen altibajos. ¿Quién va a pintar la casa con esta humedad?  Con lo que han vendido en la semana les alcanza para cubrir la cuenta del banco, pero sus magros sueldos tendrán que esperar. No importa, ella puede pedir auxilio a sus abuelos, Cecilia siempre tiene algo ahorrado. Es por unos días nomás, cuando llegue la primavera la economía se reactivará.
     La empresa fue una idea de Cecilia, y la mitad del dinero. Ella consiguió la otra mitad, un préstamo familiar a bajo interés. A ningún interés, en realidad. Y para ser sincera, no retornable. No necesariamente, al menos.
     Esto es sólo por un tiempo, piensa, hasta que decida qué es lo que en realidad quiere hacer. Viajar, sí. Pero más adelante. Por ahora, el proyecto es mantener la empresa, hacer un poco de dinero para después venderla y liberarse de las rutinas contables. Y entonces dedicarse, sí, a su verdadera vocación. Pero antes debe definir con mayor claridad cuál es su verdadera vocación.
     Le faltan dos exámenes para terminar su carrera, pero nunca se decide a darlos. A medida que pasa el tiempo, se siente cada vez más insegura. Antes de recibirse, quisiera probar algo distinto. Le gusta leer, le gustan los idiomas -menos el francés, claro-. También aprecia la música clásica. Practica violín durante unos meses con un profesor alcohólico y depresivo del que no tarda en enamorarse. Y en olvidar.
     ¿Traductorado? ¿Antropología? Prueba un año aquí, otro año allá. Vive de la pequeña empresa que no prospera, pero tampoco se funde. Una nave siempre a punto de naufragar. Gracias al empeño de Cecilia, devuelven una parte del préstamo; una cuota cada tanto, nadie las apremia. Bibliotecología, tal vez. Pero antes un curso intensivo de administración, para llevar los números. Su profundo conocimiento del latín medieval no le es muy útil a la hora de desglosar los impuestos. Cecilia asiste a un taller de decoración y arma las vidrieras con gracia, con elegancia incluso.

………

París. Parigi. Lutecia. Firenze. Londinium. Roma. Florencia. Londres. Roma.

………


Era sobresaliente, cuando niña. Las maestras la felicitaban, los profesores la elogiaban, todos la aplaudían.
A veces se pregunta cómo fue que las cosas pasaron de la forma en que pasaron. Cuándo fue que todo comenzó a derivar hacia donde derivó.
Gastos generales a Caja. Caja a Deudores Varios.
………


Le quedan dos exámenes para terminar la licenciatura. Y un trabajo monográfico sobre el latín en el dominio indoeuropeo. Pero hace un año el Claustro introdujo un nuevo plan de estudios y su situación podría haber variado. Va a la Facultad y consulta con el secretario adjunto. El sistema actual la perjudica en algunos aspectos, la beneficia en otros. Por ejemplo, ahora le sobran materias, como filología románica, pero debe hacer un curso de historia. Antigua, moderna, medieval, no importa. Podría atenerse al viejo plan, sí, claro, pero no hay profesores que puedan examinarla en las asignaturas que ya no se exigen. ¿Z? Se jubiló hace unos meses. X falleció, ¿no se había enterado?
El secretario adjunto es muy amable, la atiende con deferencia, con interés incluso. El currículo que tiene ante sus ojos es el de una alumna brillante. Lástima que no haya dado esas pruebas cuando hizo los cursos. Ella toma nota de las diversas alternativas que él le presenta, lo va a pensar y volverá. Sí, claro, sería una pena abandonar ahora. Mientras conversan, se siente algo incómoda porque no logra recordar, por más esfuerzos que hace, el nombre del Decano recientemente electo. Un apellido vasco, de eso está segura. Con erres y zetas. Se despide por fin del amable secretario adjunto y se dirige a la salida.
Atraviesa un interminable pasillo repleto de estudiantes que le parecen demasiado jóvenes, mientras busca inútilmente una cara conocida.

………


La empresa no prospera, tampoco se funde. Flota, navega un poco a la deriva, zozobra, escorada, sin terminar de naufragar. Cecilia arma las vidrieras, arregla los muestrarios, desarma las vidrieras, vuelve a arreglar los muestrarios, cambia los exhibidores de lugar, coloca pequeños adornos en sitios estratégicos. Además, negocia con los proveedores y regatea con los clientes.
Banco República, cheque Nº 415723. Ella lleva los números, con cierta laxitud. Sus arqueos de caja son algo erráticos, los saldos no siempre dan lo que tienen que dar. A veces sobra, a veces falta, nunca demasiado.
Quebrantos a Caja.

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La fermental conversación con el amable secretario adjunto ha decidido a la alumna brillante a graduarse de una vez por todas. Obtendrá su título, resuelve, aunque se trate de un título que, ya lo sabe, no es muy útil en el campo laboral. Y menos en su pequeña empresa de equipamientos para baño y cocina. Debería arriesgarse a dejar el país, piensa mientras envuelve para regalo una bonita jabonera con forma de pez arco iris. Podría irse a California –Patricia está en Berkeley-. O a Pennsylvania. Carmen le ha escrito que es hermoso el otoño en Philadelphia. Piensa en la posibilidad de tomarse unas semanas e ir a visitarla, pero antes debería terminar el cursillo de iluminación artística que acaba de empezar.
Acreedores Varios a Caja.
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Él era el novio de su mejor amiga. Ella se había puesto una solera blanca que realzaba sus hombros bronceados. Aún recuerda las luciérnagas titilando en la oscuridad. La Pedrera, una noche de verano.

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Deudores a Pérdidas.
Ella no siempre paga sus deudas. Hay deudas que aún no ha logrado pagar. No encuentra la moneda adecuada. Hasta los veinte años, era una promesa. Después, no sabe qué fue lo que pasó. Un pequeño desvío en el camino, una vacilación en un momento crucial, un tropiezo cuyas consecuencias comenzaron a ramificarse como un cáncer. Un error que derivó en metástasis.

………

            El abuelo la escucha. Para ser sincera, ella no está convencida de que él realmente la escuche. Está sentado en su sillón, la mira, parece prestar atención a sus palabras. Los dos saben que él va a decir que sí. Un pequeño préstamo adicional. Para contratar una administrativa que la suplante por unas horas en la empresa. Así ella podrá empezar un curso de Archivos Culturales que, por suerte, es gratis. Además, una amiga –Mónica Marins ¿te acordás?-  hizo ese mismo curso y poco después encontró un empleo maravilloso en Berlín. Y no hablaba el alemán tan bien como ella.
La palabra Berlín sonó como una campana. Berlín, Londres, Roma.

………
             

            Cecilia se ha cruzado con Claudia en el super y Claudia le ha comentado que tal vez, no es seguro aún, se decida por fin a cambiar la grifería de la cocina. Y que tal vez, sólo tal vez, pase el sábado por la mañana a comprarla. Cecilia ya cuenta el valor de esa grifería en los ingresos de la semana. Hace cuentas y más cuentas en su calculadora, mientras ella trata inútilmente de mantener encendida una varita de incienso. Si suman esa hipotética venta a la también hipotética cobranza de la cuenta vencida del Dr. Gómez, que prometió pasar entre jueves y viernes, podrían pagar la factura del teléfono con apenas cuatro días de atraso.

………

Normal, común y corriente, ubicada. Normal, como todo el mundo. Los sábados de noche, a bailar. A los lugares de moda, la música de moda, con los chicos de moda. Por esos años, su madre sueña verla casada con un estanciero. Su padre, con un contador. Ella se enamora del jardinero.
Incobrables a Pérdidas.
Él es de afuera, le dicen el pampa. A ella le gusta su piel oscura, curtida por el sol y por el frío. No van a los lugares de moda, adonde va todo el mundo. Se encuentran a escondidas en lugares sórdidos. Pensiones de la ciudad vieja, con las paredes descascaradas por la humedad y manchas de moho en el cielorraso. Les dice a sus padres que se queda a dormir en lo de Anna.

………


            Una amiga de Cecilia le comentó que... A ella le parece una historia más bien inverosímil, pero nunca se sabe... ¿con el ginecólogo, te dijo...? Y este mismo verano, en La Paloma. Cecilia se interrumpe y salta de su asiento para atender a un cliente que se demora en la entrada, mirando los muestrarios. En pocos minutos logra venderle un costoso artefacto para el baño, un juego de grifos dorados que simulan una pequeña fuente parisina. O versallesca. Made in China, claro. Cecilia acompaña a su cliente hasta la puerta, tratando de incrementar su venta con un lavatorio estilo grecorromano -también made in China- para colocar debajo del frondoso manantial doméstico que acaba de adquirir. Pero el hombre se muestra renuente. Otro día, tal vez.

………


Amarelo, branco, rosso. Podría terminar su licenciatura en alguna universidad de San Pablo. Y después, empezar un doctorado. Laranja, preto. Eso fue lo que hizo Alejandra y ella sabe, porque se lo contó Jazmín cuando se encontraron en el estreno de Las Troyanas, que Alejandra está muy contenta. Ahora trabaja en la Universidad Federal de Río de Janeiro y está enamorada de un carioca. Vermelho, cinza, azul. Tendría que averiguar, piensa, mientras trata de imprimir un anticipo del balance.

………

           
Fue una mañana de agosto, una mañana fría de un domingo de agosto, muchos años después, cuando comprendió. Estaba pasando el plumero por las molduras del cielorraso de su dormitorio, haciendo equilibrio sobre una destartalada butaca de patas desparejas, cuando comprendió. Entendió, se dio cuenta.
Ya era tarde.

sábado, 2 de marzo de 2019

RUTAS DE LA MEMORIA

 

-Noventa y pico. La última de su generación.  

Maite consulta el reloj y acelera para ganar tiempo. Mañana se toma el avión de regreso y todavía tiene que armar las valijas. Yo miro el cuentakilómetros y reprimo la tentación de comentar, por tercera vez, que la ruta siete es peligrosa y traicionera, además de angosta. Sobre todo para alguien como ella, acostumbrada a desplazarse por las autopistas del primer mundo.

- Hasta el viejo Chispa se fue…

Estamos volviendo de la frontera. Fuimos a ver a una de nuestras tías, en nombre de toda la familia. A pedirle autorización para vender esas cuadras de campo en las que ella ha vivido desde siempre. Un pedazo de tierra situado a cinco leguas del pueblo más cercano que, según los intrincados trámites sucesorios que los escribanos han estado analizando, no es enteramente suyo. De acuerdo a los papeles oficiales, pertenece a varias generaciones de parientes dispersos por todo el país.

Campo ganadero. Buen casco. Mangas de piedra. Aguadas naturales.  

Ya hemos armado el aviso para colgar en Internet. En realidad, en ningún momento Constancia nos contestó que sí, pero como tampoco dijo que no, Maite y yo decidimos interpretar que, en términos generales, estuvo de acuerdo con la propuesta de vender. O al menos, no presentó objeciones concretas.

Pasamos casi toda la tarde con ella, explicándole la situación. No fue un diálogo fácil. Por momentos nos observaba atentamente, con curiosidad, y por momentos se desentendía de nosotras, actuando como si no estuviéramos ahí. Demoraba varios minutos en contestar a nuestras preguntas, haciendo largas pausas entre una frase y otra. Cada tanto hacía comentarios que no tenían conexión con lo que estábamos hablando. Referencias a épocas lejanas y a gente que no conocíamos. Se dirigía a mí por el nombre de mi madre, que falleció hace más de veinte años, y la mayor parte del tiempo se mantuvo en silencio.

 Pero no creo que estuviera molesta con nosotras. Parecía más bien intrigada, o incluso divertida.

Maite vuelve a mirar el reloj y acelera más aún. Yo retomo uno de mis relatos.

- Unos cigarros enormes, de chala. Y en los últimos años, después de morir la China, le dio por tomar grapa, o caña, o lo que fuera.

A Maite le gustan las historias de familia. No es necesario que estén bien estructuradas, con principio, desarrollo y final. Pueden ser fragmentos, anécdotas, personajes raros, incluso frases sueltas, sacadas de su contexto original y que ella interpreta como quiere.

- Los Martínez se casaban con los Barrios y los Barrios con los Martínez. Al final, todos éramos primos.

Cuando se dirige a mí, Maite me dice tía, lo que no es del todo cierto ni del todo falso. Yo lo tomo como un apelativo cariñoso. Nunca me llevé bien con sus padres, que piensan que estoy arruinando su futuro y así se lo dicen a cualquiera que soporte escucharlos. Hicieron una importante inversión en la educación de su hija y están impacientes por cobrar los dividendos. Después de una adolescencia difícil y una veintena algo alocada, Maite se fue del país, seguramente para alejarse de ellos. Creo que le va más o menos bien -es inteligente y trabajadora, además de tener una buena formación- pero aún se resiste a echar raíces en un lugar concreto.

En este viaje al interior, todo resulta nuevo para ella. La voz ronca de Constancia ofreciéndonos una copita de licor, el olor a tabaco negro, la austeridad de los muebles, la ausencia de objetos innecesarios, la soledad a nuestro alrededor, el silencio. Maite no está acostumbrada al silencio, ni a las condiciones de vida en campaña.

¿Vida? Eso no es vida, me reprocha, es mera subsistencia. Durante los siguientes kilómetros repite frases como ésta, con mucha convicción. Cuando me arriesgo a sugerirle que tal vez, tal vez, a Constancia le guste vivir así, me mira con ojos espantados y me pregunta cómo puedo ser tan insensible.

Después de un largo mutismo me vuelve a explicar, como si yo no lo supiera, que ese lugar donde Constancia vive de forma tan sencilla -y subraya la palabra sencilla, supongo que para hacerme sentir culpable- es en realidad un campo de mucho valor, que se cotiza muy bien en el mercado. Con el dinero que le toque de la venta, nuestra tía podrá mudarse a la capital y pasar sus últimos años en una vivienda confortable. Con internet y aire acondicionado.

Yo no le contesto. Sigo mirando el cuentakilómetros hasta que ella suspira aparatosamente y baja un poco la velocidad. Recién entonces retomo uno de mis relatos.

            -Pasando las higueras que plantó el abuelo… Nadie se lo hubiera imaginado.

Cada vez que Maite se aferra al volante y aprieta el acelerador a fondo para pasar uno de esos larguísimos camiones con zorra que transportan madera o ganado, yo pienso que vamos a chocar de frente contra otro camión. O que nos vamos a incrustar en uno de los árboles que bordean la ruta. Que nunca vamos a llegar sanas y salvas a ningún lugar, que nuestros cuerpos van a quedar tirados durante horas a merced de las hormigas y de los caranchos.

Pero sigo hablando.

-Y entonces llegaron los italianos. Eran unas pocas familias y se instalaron por la zona de los molles. Fines del siglo diecinueve, creo.

Lentamente, los camiones van quedando atrás. Ya estamos cerca del puente y pronto voy a estar otra vez en mi casa, mi pequeño apartamento frente al parque. Después de horas de sacudidas, baches y curvas, añoro el retorno a la agradable rutina cotidiana. Una ducha relajante, una copa de vino, una novela.

Desde que volvió al país, Maite ha pasado muchas horas negociando con todos los viejos y jóvenes de la familia. Aunque su especialidad son los números, no es la codicia lo que la impulsa. Pienso que está intentando cerrar un capítulo, con la ilusión de poner orden en nuestro pasado y saldar esas deudas que todavía quedan pendientes. Cuentas claras. Pagar y cobrar lo que corresponde, ni más ni menos. Y cree que para eso alcanza con manejar un buen programa de contabilidad. Es obvio que está muy satisfecha con el resultado de sus gestiones, pero no sabe que cuando los escribanos revisen los papeles van a notar que aún, siempre, hay detalles sin resolver. Trámites inconclusos o impuestos atrasados para pagar. O alguien que se niega a firmar porque hace décadas que está peleado a muerte con otro alguien que también tiene que firmar.

- Casilda, la hermana mayor de Constancia, fue la primera de nosotros en casarse con uno de los Mastropiero.

Cuando esos pequeños, inofensivos e interminables secretos salgan a la luz, Maite ya estará de vuelta en el hemisferio norte. En su vida real, donde creo que trabaja en un banco, o para un banco. O contra un banco, nunca terminé de escuchar la historia completa. Y en algún momento tendré que avisarle que toda la operación ha vuelto a postergarse. A estancarse, indefinidamente. Que algunos escribanos renunciaron, derrotados por nuestras entreveradas líneas sucesorias, que este capítulo no está por cerrarse y que los papeles se traspapelaron, una vez más.